Seré breve.
La homeopatía (me niego a escribirla con mayúsculas, aunque a veces se me escapará) es una materia extraña: sus estudiosos y practicantes reconocen que sus bases son altamente cuestionables, que carecen de fundamentos científicos probados, que van en contra de todo lo normalmente admitido dentro de la comunidad cientifico-médica, que sus preparados en teoría no pueden producir efectos, pero que aun así los producen, y que no saben cómo funciona éste miserioso mecanismo, pero que funciona.
Un ufólogo te dirá que estudia los ovnis porque cree que existen; un paranormalólogo te dirá que estudia las psicofonías porque existen, y que la telepatía es un hecho real, y que la telekinesia también lo es; un acupuntor te dirá que su método funciona, y un radiestesista que sus métodos funcionan. En cambio, un homeópata (si tiene la mínima formación, que no es así en la mayor parte de los casos) te reconocerá que los preparados homeopáticos no contienen sustancia activa alguna, pero que aun así producen efectos. Es decir, reconocen que su cuerpo doctrinal es falso, pero creen en él a pies juntillas.
Esa es una de las cosas que más me llaman la atención de esta pseudociencia, y una de las razones por las que me decido a inaugurar este blog. La otra razón es porque la comunidad científica digamos "ortodoxa" sí ha propuesto una solución a dicho aparente misterio, una solución que cuadra con los hechos observados, está probada y es totalmente científica: el efecto placebo, y es bueno que el público en general y los seguidores acérrimos de la homeopatía tengan elementos para juzgar si esto es realmente así o no, y puedan entonces opinar y elegir con conocimiento de causa.
El efecto placebo está probado científicamente. Las soberanas contradicciones y conclusiones y prácticas de esta pseudociencia no lo están. Aquí intentaré describirlas y exponerlas lo más objetivamente posible, aunque no pienso renunciar, cuando sea preciso, al sarcasmo y al sentido del humor. Lo siento, no sé escribir ni pensar de otra manera.
Adelante, pues.