Buscando buscandito, me he topado en Internet con una página web, ya extinta, de un tal Javier Garrido, en la que se exponen diversas cuestiones sobre esta pseudomedicina, algunas ya requetecontrastadas y requetecitadas en este y en otros blogs sobre el tema, y otras no tanto, algunas anécdotas o ciertos puntos de vista interesantes. Así, aunque pueda parecer una redundancia, y sin pedirle permiso al autor, puesto que -como su web- ha desaparecido de Internet, me permito reproducir aquí algunos de sus artículos sobre el tema. Los he señalado como JG1, JG2 y JG3.
Para efectos prácticos, cuando algo funciona en realidad, podemos disculparle las incoherencias teóricas que tenga en sus bases, aunque sea provisionalmente, hasta que la teoría se depure. Si la Homeopatía funciona ¿por qué no perdonarle su abuso de conceptos tan nebulosos e irracionales como "energía vital", "miasma psórico" y "dinamizaciones"? ¿O la tan dudosa Ley de las Semejanzas? Todo esto esta muy bien, siempre y cuando funcione. Pero ¿funciona?
Para empezar, la Homeopatía apuesta muy alto postulándose como la única medicina que ataca la enfermedad en sus causas (bueno, existen otras "medicinas alternativas" que le hacen competencia al respecto). Esto, sin duda, suena impresionante, ya que aunque la medicina científica también persigue ese objetivo, con mucha humildad debe reconocer que se encuentra lejos de lograrlo para innumerables patologías. Ya que estamos informados que la homeopatía conoce la causa de las enfermedades (al fin y al cabo todas son perturbaciones de la "fuerza vital") y conoce el modo causal de tratarlas (por medio de los compuestos energéticos adecuados, a través de la Ley de las Semejanzas), no debe ser muy difícil demostrar si funciona o no. Pues no, no es nada fácil, y las dificultades nacen de las mismas bases teóricas de la Homeopatía.
Cuando la medicina científica quiere demostrar la utilidad de un fármaco, hace uso de los llamados "ensayos clínicos controlados". En estos, se toman pacientes con cuadros nosológicos reconocibles y bien determinados, que cumplan con ciertos criterios, para luego separarlos al azar en varios grupos, a los que se les administra diferentes esquemas de tratamiento o placebos. La forma ideal de estos estudios son los realizados a doble ciego (ni el investigador ni el paciente conocen quien está recibiendo el medicamento de prueba y quien el placebo). Luego, los datos obtenidos son comparados con las herramientas estadísticas adecuadas y se decide si hubo diferencias significativas entre la evolución de los dos grupos. De esta manera podemos comparar, por ejemplo, dos antibióticos diferentes en el tratamiento de la neumonía neumocóccica. Un punto importante es que este es un tipo de ensayo reproducible, que otro investigador puede repetir, confirmando los resultados anteriores, o, con mucha frecuencia, refutándolos, lo que permite descubrir sesgos y fallas metodológicas en el estudio previo y dar pie a otros más depurados.
Veamos, ¿es factible realizar algo similar en la Homeopatía? No digamos que es imposible, pero si extremadamente difícil. Para empezar, la Homeopatía no clasifica las enfermedades en cuadros nosológicos claros y definidos, sino en variopintas agrupaciones de síntomas, lo cual es inevitable si se considera que no son sino manifestaciones de la alteración de la fuerza vital. Esos mismos síntomas se clasifican según su grado, su cronología, su jerarquía, su frecuencia, su prescripción y sus modalidades. Según su frecuencia los síntomas pueden ser comunes o característicos, y estos últimos a su vez se dividen en psíquicos, claves, extraños, paradojales, alternantes, variables y concomitantes (por respeto al lector me abstengo de detallar todas las demás categorías). Por poner un ejemplo, los síntomas predominantes del enfermo sicósico son: miedo franco, suspicaz, falsedad, mentiroso, desconfiado, descontento, ambiciosos, bribón, memoria activa, precipitación, escandaloso, extrovertido, ostentoso, impúdico, voluptuoso, depresión mental, mejoría por el movimiento, agravación vespertina, agravación por la humedad, tendencia a la proliferación, excrecencias cutáneas y mucosas, retención de desechos, tumoraciones (no, no estoy inventando; esta delirante enumeración la he extraído de la página 115 de Homeopatía, Medicina del Terreno, de José Barros St Pasteur, editado por la Universidad Central de Venezuela).
Quizás no sea ocioso recordar aquí al fraudulento Dr. Franz Kuhn (inventado por Jorge Luis Borges), quien atribuye a cierta enciclopedia china titulada "Emporio celestial de conocimientos benévolos" la siguiente clasificación de los animales: a) pertenecientes al Emperador, b) embalsamados, c) amaestrados, d) lechones, e) sirenas, f) fabulosos, g) perros sueltos, h) incluidos en esta clasificación, i) que se agitan como locos, j) innumerables, k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, l) etcétera, m) que acaban de romper el jarrón, n) que de lejos parecen moscas.
Cuando queremos comparar algo, en primer lugar debemos tener algo que comparar. Y esa filigrana barroca de síntomas no deja mucho espacio para semejantes minucias. Un homeópata insistirá, por ejemplo, en que un grupo comparable será aquel que presente preocupaciones sin causa aparente (manifestación de un predominancia psórica latente), pies fríos, eructos ácidos, aversión por la ginebra, por la música de Telemann y por el tiempo nublado. Que le demostremos que tres de sus pacientes tienen neumonía, uno tuberculosis y dieciséis catarro común no le quitará el sueño en lo absoluto. Por supuesto, conseguir un grupo de estudio con características medianamente adecuadas en esas condiciones es una labor titánica hasta para los mismos homeópatas. Y sin uniformidad en los síntomas no puede haber uniformidad en el tratamiento, y mucho menos estudios adecuadamente reproducibles. Esta es una de las razones por las cuales los ensayos clínicos sean escasos en la "ciencia" homeopática, y de que cuando se realizan, casi siempre terminen siendo publicados exclusivamente en revistas homeopáticas.
Ensayos clínicos en homeopatía
A pesar de la dificultad arriba mencionada, no se puede negar que, ciertamente, existen algunos estudios controlados sobre la "efectividad" de los remedios homeopáticos. Y si bien muchos de esos estudios simplemente no muestran ningún efecto beneficioso del tratamiento homeopático cuando se le compara con un placebo, existe un pequeño grupo de trabajos con resultados aparentemente positivos.
¿Significa esto que, a pesar de todo, existen algunas pruebas objetivas de que la homeopatía funciona? Pues no necesariamente. Veamos por qué.
Para empezar, el carácter de esos estudios suele ser problemático. La mayoría son realizados por homeópatas, y sus informes suelen estar contaminados con su retórica idiosincrásica, lo que hace sospechar fuertemente de la presencia de sesgos del investigador. Por regla general, las investigaciones se afincan sobre procesos crónicos (eczema, artritis reumatoide, asma, migraña, alergias, bronquitis, dismenorrea, síndrome de intestino irritable, etcétera), que suelen cursar en cualquier caso con remitencias y recrudecimientos periódicos; en otras ocasiones, se trata de procesos autolimitados (por ejemplo, la influenza). Por el contrario, las enfermedades agudas, como las infecciones bacterianas, para las que sería muy fácil y claro obtener resultados de curación o no, son ignoradas. Adicionalmente, aún los mejores trabajos suelen estar acribillados de fallas metodológicas.
Una de las primeras expectativas que debemos desechar a la hora de revisar uno de esos estudios, es la de obtener evidencia contundente de una cura completa de la enfermedad que sea (la que, sin embargo, tendríamos derecho a esperar de acuerdo a la teoría homeopática). Esa evidencia simplemente no existe. A lo más que llegan esas investigaciones es a encontrar alguna diferencia estadísticamente significativa en la mejoría de los síntomas respecto a un grupo tratado con un placebo. En otras ocasiones, se investiga algún efecto periférico, pero sin entrar en detalles acerca de si los pacientes se curan o no. Por lo visto, todo el tema está impregnado de una vaguedad fundamental.
Los estudios acerca de la "efectividad" de la homeopatía han sido objeto de diversas revisiones y meta-análisis. Una amplia revisión fue realizada por Scofield en 1984, y publicada el British Homeopathic Journal (The Brit Homeo J.1984;73:161-226). La conclusión de Scofield no puede ser más característica:
Es obvio, a partir de esta revisión, que, a pesar de todo el trabajo experimental y clínico, existe muy poca evidencia de que la homeopatía sea efectiva. Esto es debido al mal diseño, ejecución, presentación de los informes, análisis y, particularmente, de la falla en reproducir los trabajos experimentales, y no necesariamente debido a la ineficacia de un sistema que debe ser apropiadamente examinado en gran escala. Hay suficiente evidencia para justificar la ejecución de trabajos bien diseñados y cuidadosamente controlados.
En otras palabras, la evidencia es escasa y derivada de trabajos mal realizados, pero cuando algún día se realicen trabajos adecuados, quizás la homeopatía demuestre su eficacia. Algo, sin duda, verdaderamente esperanzador. Por otra parte, el mismo Scofield afirma también que la homeopatía no ha sido, ciertamente, refutada. Esta afirmación solo puede ser calificada de malabarismo verbal: lo que en realidad interesa no es si está refutada o no, sino si existen pruebas de que funciona. Y estas, lamentablemente, brillan por su ausencia.
Otra revisión del tema fue realizada en 1990 por Hill y Doyon (Rev Epidemiol Sante Publique 1990;38:139-147). Estos analizaron un total de 40 estudios en los que se comparaba la eficacia del tratamiento homeopático contra el tratamiento convencional o contra un placebo. Los resultados de este análisis no pueden ser más demostrativo: de los trabajos revisados, todos, excepto tres, tenían severas fallas de metodología y diseño. De los tres estudios supervivientes, solo uno había reportado resultados positivos. La conclusión de los autores fue que no existía evidencia de que el tratamiento homeopático tuviera algún valor. Posteriormente, se han realizado al menos dos extensos meta-análisis sobre la eficacia de la homeopatía. Un meta-análisis es un estudio en el que se reúnen los mejores estudios realizados (los más rigurosos, mejor controlados, etcétera), y se analizan como si fuera un solo trabajo de investigación. Es un método que tiene diversos pros y contras, pero que en muchas ocasiones puede contribuir a esclarecer una cuestión. Solo que en esta ocasión no es ese el caso.
El autor del primero de esos meta-análisis fue Kleijnen, y sus resultados fueron publicados en 1991, en el British Medical Journal (BMJ 1991;302:316-323). En esa investigación se analizaron 107 estudios homeopáticos; en 81 de ellos se encontraron resultados "positivos" y en 24 "negativos". ¿Pudo Kleijnen sacar alguna respuesta concreta de todo esto? La respuesta aquí es no. Esta es la conclusión de los investigadores:
En este momento la evidencia de los trabajos clínicos es positiva, pero insuficiente para llegar a conclusiones definitivas, debido a que muchos trabajos son de baja calidad metodológica y debido al rol desconocido del sesgo de publicación.
El sesgo de publicación mencionado es simplemente la tendencia a publicar los trabajos con resultados positivos, pero no aquellos con resultados negativos. Por demás, esta conclusión es exactamente idéntica a la emitida por Scofield siete años antes, incluyendo el detalle de la mala calidad de los estudios realizados. Sin embargo, no podía faltar (otra vez) la nota esperanzadora:
Esto indica que existe una causa legítima para más evaluaciones de la homeopatía, pero solo con trabajos bien ejecutados.
Una vez más, el hospitalario futuro queda para aguardar esos estudios bien diseñados que no se resuelven a parecer por ninguna parte.
Un segundo meta-análisis sería publicado en 1997 en el Lancet, con Klaus Linde y Nicola Clausius como autores principales (Lancet 1997; 350: 834-43). En este, se revisaron 186 estudios, de los que 119 cumplieron con los criterios de inclusión, pero solo 86 resultaron con datos adecuados para el meta-análisis. Globalmente, los remedios homeopáticos resultaron superiores al placebo, a pesar de los cual los autores optaron por la prudencia al concluir que los resultados de nuestro meta-análisis no son compatibles con la hipótesis de que los efectos clínicos de la homeopatía son debidos completamente al efecto placebo. Sin embargo, nosotros encontramos evidencia insuficiente en esos estudios de que la homeopatía sea claramente eficaz para una sola condición clínica. Y terminan sugiriendo la necesidad de más estudios "rigurosos y sistemáticos". Lo que ya suena bastante conocido.
Las críticas a este trabajo fueron particularmente severas, incluyendo el ya mencionado sesgo de publicación, el escaso rigor de los criterios de los estudios utilizados, la combinación de trabajos con patologías y tratamientos muy diferentes. Se encontró que uno de los estudios incluidos había sido previamente citado como ejemplo de un inapropiado uso de las estadísticas. Por lo demás, los mismos autores consideraron (otra vez) que la evidencia clínica de la eficacia de la homeopatía seguía siendo insuficiente.
Una vez más, seguimos en el mismo terreno: la evidencia incontrovertible y definitiva de que la homeopatía funciona sigue sin aparecer. Pero ¿a que se deben entonces esos resultados aparentemente positivos en algunas ocasiones? ¿Es que a pesar de todo "algo hay de verdad" en la "ciencia" homeopática? Pues no: lo más probable es que esos aparentes resultados positivos se deban a diversos sesgos que se cuelan en trabajos inadecuadamente diseñados. Curiosamente, la confirmación de esto nos la puede dar el mismo Klaus Linden, en un estudio publicado en 1999 (Impact of study quality on outcome in placebo-controlled trials of homeopathy. J Clin Epidemiol 1999;52(7):631-6).
En este estudio no se analizó la eficacia de la homeopatía, sino la influencia de la calidad metodológica de los trabajos en la obtención de resultados positivos o negativos. Se estudiaron en total 89 trabajos. Y la conclusión de los investigadores no debe sorprendernos: Concluimos que en el grupo de estudios investigado, hubo una clara evidencia de que los estudios con mejor calidad metodológica tienden a tener menos resultados positivos.
Por lo menos aquí si tenemos una autentica conclusión: hubo una clara evidencia. En otras palabras, para obtener resultados probatorios de la eficacia de la homeopatía, es de rigor que el estudio esté pobremente diseñado, tenga fallas metodológicas y sesgos varios. Cuando existe un buen diseño experimental, las maravillosas propiedades de los remedios homeopáticos se ocultan pudorosamente.
En conclusión, tras tantos años y tantos estudios la homeopatía sigue sin proporcionar una sola prueba definitiva y que se mantenga en pie tras controversia. Lo único que hay son danzas estadísticas en torno a trabajos de calidad muy pobre. Desde Scofield hasta Linden la historia siempre es la misma: los trabajos están mal diseñados, son necesarios trabajos mejores, y así, ad nauseam. Pero estos no se resignan a aparecer.
Falta echarle un breve vistazo a las "ciencias básicas" homeopáticas. En 1993, Walach publicó un estudio doble ciego en el que se le administro Belladonna 30 CH o placebo a un grupo de 47 voluntarios sanos (J Psychosom Res 1993;37(8):851-60). Esto, plenamente dentro del espíritu Hahnemanniano de la "experimentación en el hombre sano". De acuerdo a la teoría homeopática , las peculiaridades energéticas de la Belladonna debían producir unos determinados síntomas al suministrarlos al hombre sano y actuar sobre su energía vital. Al cabo de cuatro semanas, no se encontraron diferencias significativas entre los "síntomas" del grupo que recibió el placebo y el que recibió el fármaco homeopático.
La evidencia anecdótica
Aunque sospecho que todavía usted, paciente lector, quizás no está convencido del todo. Después de todo, la respuesta standard de la Homeopatía (y de las demás pseudomedicinas) a esta clase de señalamientos es que se tratan de una pérfida maniobra de la agonizante medicina oficial, ya a punto de derrumbarse definitivamente, y que de ese modo pretende conservar su monopolio de destrucción de la salud.
Claro, admitamos que a pesar de que no pueden demostrar científicamente que sus dinamizados curen cualquier cosa, todavía podría ocurrir que la medicina homeopática funcionara. Al fin y al cabo, la ciencia no lo sabe todo (este es otro lugar común).
Casi todos hemos tenido alguna oportunidad de charlar con alguien que ha estado en contacto con la medicina homeopática, bien porque ha sido tratado directamente por un homeópata, bien porque conoce a alguien que lo ha sido. Suelen ser individuos entusiastas que rechazan con vigor los perniciosos tratamientos alopáticos (palabra que suele ser de reciente adquisición en su vocabulario) al tiempo que exaltan las virtudes esenciales de la homeopatía (a pesar de desconocerlo todo acerca de ella), como en otra ocasión exaltarán las de la iridología o de la reflexoterapia. Este exultante individuo no cesará de repetir una y otra vez como el mismo o un pariente o algún conocido ha sido exitosamente tratado y curado por la rigurosamente exacta ciencia homeopática tras haber sido víctima de los dolosos manejos de la medicina oficial. Pretender razonar con alguien así es de antemano una labor inútil pues nos encontramos ante un auténtico converso, rendido al mundo de maravillas de la Homeopatía. Pero intentemos sacarle al menos algunas precisiones: entonces empezará a referir tal o cual dolor mal definido, sensaciones de ahogos, catarros, diarreas y cosas por el estilo, junto con mal recordados (o mal interpretados) diagnósticos alopáticos. Y ya nos encontramos ante la carta fuerte de la Homeopatía: la evidencia anecdótica.
La principal razón de que mucha gente piense que la Homeopatía funciona (o sea, que realmente cura) son los casos anecdóticos que van de boca en boca, convenientemente embellecidos, revisados y aumentados por cada relator. Por supuesto, a la medicina científica no se le permiten tales expansiones; para ella un caso anecdótico será solo una observación a partir de la cual establecer una hipótesis, pero sin poder presentarlo jamás como la demostración de un hecho (aclaro: me refiero al cuerpo de conocimientos médicos, no a la conducta de algún médico en particular). Pero como los homeópatas se rigen por normas propias no es de esperar que sean tan quisquillosos: renegar de que algún caso aislado constituya una demostración equivaldría a rechazar su única fuente constante de credibilidad externa (la interna por otra parte se basa más en el autoengaño que en otra cosa, aunque también pululan los casos de soberbia intelectual y de ignorancia simple y llana).
No negaré que las curaciones homeopáticas abundan. Pero reivindicar que se trate de casos bien documentados ya es algo completamente diferente, y en la absoluta mayoría de los casos la demostración con pruebas irrecusables de que existía previamente una enfermedad y que esta ha desaparecido por la presunta acción de las maravillosas dosis infinitesimales simplemente no existe. Por otro lado, ¿de que curaciones hablamos? Nunca oiremos una historia acerca de una meningitis o de una cirrosis hepática diagnosticadas de modo irrebatible tratadas exitosamente con las gotas milagrosas o con los omnipotentes glóbulos. Y no es porque no exista el remedio en la farmacopea homeopática para trastornos tan radicales; en la Materia Médica Pediátrica de Guillermo Enrique Rincón (también editado por la Universidad Central de Venezuela) incluso recomienda el Pyrogenium para el paro cardíaco en fiebres sépticas(?), el Plumbum para los tumores cerebrales (??), el Apoccynum cannabium y la Pulsatilla nigricans para la peritonitis (???) y la Silicea para los abscesos pulmonares (????).
De lo que si oímos hablar es de exitosas curaciones de enfermedades crónicas, de trastornos psicosomáticos y de muchísimas patologías mal definidas. ¿Y como se producen estas? Sinteticemos:
1. Existen numerosas enfermedades que desaparecen solas, ya que se trata de procesos autolimitados. Y contra lo que se puede suponer, esto no es cierto solo en relación con los procesos más banales; incluso enfermedades muy serias pueden remitir por si solas siguiendo su curso natural. En este caso entran muchas infecciones virales (pero no exclusivamente ellas). El paciente acude el lunes al perverso alópata y este le recomienda descanso, aspirina y paciencia; el miércoles no se siente mejor y va donde el iluminado homeópata, quién le hace énfasis en la fuerza vital desequilibrada y le receta unas gotas misteriosas, con una etiqueta en latín. El viernes ya está bastante mejor. ¡Otro éxito de la Homeopatía! Pero no, la gripe se le hubiera quitado igual. Aquí si funciona la Vis Medicatrix Naturae, pero las gotas no influyeron para nada en el proceso.
2. Enfermedades crónicas: en su curso natural muchas enfermedades crónicas presentan periodos alternados de remitencia y de recrudecimiento. El enfermo acude con sus dolores articulares donde el homeópata y este le prescribe Veratrum album. Si no mejora le aumente la potencia del fármaco (se lo indica aún más diluido) y luego le agrega Rhus toxicodendron. Cualquier empeoramiento inicial está ya contemplado, pues la agravación es de esperarse en los primeros diez días de inicio del tratamiento (o como dice Kent, otro de los próceres de la homeopatía: está peor pero se siente mejor). Luego de dar tantas vueltas (este proceso puede durar semanas) finalmente el paciente comienza efectivamente a mejorar. ¿Por el Veratrum? Pues no: lo que ha funcionado aquí ha sido simplemente el curso natural de la enfermedad, el paciente hubiera mejorado igual sin las gotas o los glóbulos, y estos han servido solamente para quitarle ansiedad al paciente, pues siente que está recibiendo algún tratamiento. Para cuando vuelvan los dolores (lo que ocurrirá casi con toda certeza) ya el homeópata tendrá preparada su coartada, a base de invocar algún nuevo efluvio miasmático.
3. Información insuficiente o inadecuada: muchas presuntas curaciones son únicamente producto de insuficiencias de información; el paciente mejora pero no estamos al tanto de todas las circunstancias que lo hicieron mejorar. Y muchas veces se toman oscuros e incontrolados efectos periféricos por curaciones reales. Un ejemplo: un paciente con una cardiopatía reumática, ulcera gástrica e, incidentalmente, colesterol alto. Le indican Nux vomica y el colesterol regresa a niveles normales. ¡Éxito! Pero no se nos dice si ese paciente cambio sus hábitos nutricionales mientras recibía el milagroso tratamiento, y sobre todo, no se nos dice si ese era precisamente el efecto que se quería lograr. De hecho, la cardiopatía y la úlcera, que eran los auténticos problemas siguieron exactamente igual que antes, y eventualmente deberán ser resueltos por los ignorantes y dogmáticos alópatas.
4. En todas está curaciones está implicado el efecto placebo. Basta la certeza de estar siendo tratado para que algunos pacientes mejoren, pero estar mejor no es lo mismo que estar curado. Esto puede llegar a ser trágico cuando existe una patología orgánica de base.
5. Enfermedades psicosomáticas o puramente imaginarias, trastornos somatomorfos. De las enfermedades psicosomáticas y la neurosis hipocondríaca no hay mucho que decir: combinemos el efecto placebo con la compresiva actuación de un médico que escucha, que habla de fuerzas misteriosas y que receta remedios con nombres atractivos y no menos misteriosos y el alivio del paciente será casi inmediato. Ya solo la disminución de la angustia aporta un alivio notable para el paciente. Pero esto no es homeopatía, es psicoterapia, y de nuevo encontramos que ni la manipulación de los trastornos de la fuerza vital ni las altas diluciones tienen nada que ver con la mejoría.
6. Peor es cuando se trata de enfermedades inexistentes: con mucha frecuencia todo se inicia con un diagnóstico alopático mal comprendido, o hasta con un no diagnóstico. El paciente acude donde el alópata con un trastorno mal definido o trivial y este le dice que no tiene nada. Acude luego donde el homeópata y este le encuentra síntomas predominantes de enfermo psórico: ansiedad, inhibición, aversión por el aire libre, prurito, etcétera. Luego le va descubriendo otros síntomas por el estilo, como aversión a las grasas y al pan, constipación eventual, dolores de cabeza producidos por el calor y gran eretismo sexual, que impele a vicios secretos. Lo determinante aquí es que la ciencia homeopática ha logrado el milagro, mediante malabarismos puramente verbales, de crear una enfermedad de consideración donde antes no había ninguna, por un efecto de bola de nieve. Ahora el paciente si está seguro de estar enfermo. Pero llega la Homeopatía al rescate y le indica (pongamos por ejemplo) Lachesis trigonocephalus o Lycopodium clavatus. Mejoría inmediata o tras algunos ajustes de dosis y nuevo éxito, merecedor de ser escrito con caracteres de oro en el frontispicio del Templo Homeopático, y los consabidos denuestos hacia la medicina oficial. Lo único de lamentar es que el paciente no haya estado enfermo antes de curarse.
¿Y que hay cuando el enfermo, después de ser tratado causalmente de sus males mediante la manipulación de la Fuerza Vital, no mejora, recae o fallece? Para esto también la Homeopatía tiene respuestas (coartadas). Se puede invocar:
a) El cambio miasmático.
b) Errores en la prescripción al no considerar todos los síntomas del paciente (quizás al paciente se le olvido referir que es mentalmente excitable durante el sufrimiento de su vientre; fácilmente irritable por las crisis de cólicos; descontento consigo mismo debido a sus males; aversión al movimiento; odio a la gente; bebedores cansados; hipocondríacos; predice la muerte dentro de una semana... lo que hubiera hecho apremiante la indicación de Aloe socotrina).
c) Contaminación del medicamento por transferencia energética medicamentosa (al parecer, también existe tal cosa).
d) La falsa curación por "supresión mórbida", que puede ocurrir hasta por ...aplicaciones de unturas en la superficie del cuerpo por alguna manifestación que aparezca en el curso del tratamiento homeopático.
La casi común creencia de que la Homeopatía sirve de algo se basa en estas miserias testimoniales y metodológicas. No hay homeópata que no enarbole sus casos dudosos como prueba de la veracidad de sus asertos, pero puesto en la disyuntiva de demostrar de acuerdo al método científico que su ciencia en realidad tiene alguna base no atinará sino a dar subterfugios y evasivas, adobadas con uno que otro estudio viciado e imposible de reproducir. En doscientos años han tenido tiempo más que suficiente para superar esto y dar pruebas satisfactorias e irrebatibles de que en verdad pueden curar alguna enfermedad. ¿Por qué no lo han hecho? Pues bien, la razón es una sola: porque la Homeopatía simple y llanamente no funciona.
29 noviembre 2006
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