tag:blogger.com,1999:blog-277402392008-07-24T00:07:49.950+02:00HomeopatilínManolo_elmashttp://www.blogger.com/profile/07285531799392419250noreply@blogger.comBlogger21125tag:blogger.com,1999:blog-27740239.post-164626336179210702007-10-25T20:44:00.000+02:002007-10-26T06:43:24.923+02:00Políticos y CienciaHace unas fechas, <a href="http://charlatanes.blogspot.com/2007/10/el-primo-de-mariano-rajoy.html">Mauricio-José Schwarz escribía en su blog</a> acerca de la relación superficial que los ciudadanos en general, y los políticos en particular, tienen con esa cosa tan rara llamada "Ciencia". Concretamente remataba su entrada con la siguiente frase:<br /><br /><span style="font-style: italic;">"En este caso, al menos, los políticos no tienen soluciones porque son, precisamente, parte integral del problema".</span><br /><br />Y me quedo con ella porque viene a cuento, y es que hoy mismo (25/10/2007) tenemos otra muestra de cómo los políticos suelen aparcar los verdaderos problemas y el fondo de los mismos muy frecuentemente en aras de la correción política y de un supuesto ánimo conciliador que impida que las masas se rebelen y les nieguen sus votos en futuras elecciones.<br /><br />Me refiero a la noticia aparecida en el diario "El Mundo" de hoy mismo, según la cual el Ministro de Sanidad valorará la reglamentación de las llamadas "medicinas alternativas" y su inclusión o no en el sistema sanitario español. Esta noticia, que ya es preocupante de por sí, lo es más si tenemos en cuenta que el citado Ministro fué, antes de convertirse en político, un científico e investigador de primer orden. Efectivamente, el señor <a href="http://revista.consumer.es/web/es/20030101/entrevista/">"Bernat Soria, valenciano de 51 años, es catedrático de Fisiología y Director del Instituto de Bioingeniería de la Universidad Miguel Hernández de Elche (Alicante), y aunque todavía poco conocido fuera del ámbito científico y académico, es uno de los más relevantes investigadores científicos de nuestro país: Medalla de Oro y Premio de la Real Academia Nacional de Medicina y Premio Nacional de Investigación Básica, es presidente de la Sociedad Española de Fisiología y, asimismo, presidente de Biofísica de España"</a>.<br /><br />La misma noticia nos recuerda que ya se produjo el intento de regularización por decreto por parte de la Generalitat de Catalunya y de la que dió marcha atrás, entre otras razones, gracias al <a href="http://www.arp-sapc.org/articulos/homeopatia/index.html">informe que sobre la homeopatía</a> presentó ante los responsables la asociación <a href="http://www.arp-sapc.org/">ARP-SAPC</a>.<br /><br />El ministro nos dice, según la noticia, que todo el asunto se supeditará a futuros estudios sobre la eficacia real de estas pseudomedicinas, su práctica y la formación de sus especialistas. Bueno, esto no es nuevo. Precisamente la propia Generalitat de Catalunya ya fijaba ciertos criterios selectivos para proceder a la regularización concretamente de la homeopatía. <a href="http://homeopatilin.blogspot.com/2007/01/la-fuerza-vital-oficial-de-los.html">Sobre el tema ya escribimos en su momento una entrada en este mismo blog</a> que recomiendo releer para hacerse una idea de por dónde fueron los tiros, y por dónde se prevé que vayan a ir ahora.<br /><br />De toda la noticia, repito, lo que más me desconcierta no es que estemos ante la enemil intentona de regularización de las pseudomedicinas, sino que precisamente un científico de primer orden, como el señor Bernat, se muestre tan remilgado y tan "prudente" respecto a ello, ahora que ocupa una poltrona ministerial y ahora que se debe a la moderación, la prudencia, la corrección política y, sobre todo, a sus sus futuros votantes.Manolo_elmashttp://www.blogger.com/profile/07285531799392419250noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-27740239.post-40555560811863113552007-01-31T11:19:00.000+01:002007-01-31T13:17:02.468+01:00La fuerza vital oficial de los homeópatasAcaba de aprobarse por el Consell Executiú de la Generalitat de Cataluña el proyecto de decreto de regulación de las llamadas terapias alternativas, entre las que se incluye la homeopatía. Este decreto propone, entre otros extremos, regular tanto el acceso como el ejercicio de la práctica homeopática por parte de practicantes no titulados oficialmente. Para ello, dispone que los mismos deberán seguir un curso de formación específico y aprobar un examen evaluatorio que les permita ejercer como homeópatas con todas las garantías legales y santiarias correspondientes. El curso y el examen evaluatorio correrán a cargo del <strong>Instituto de Estudios de la Salud de la Generalitat</strong>, que expedirá las oportunas acreditaciones y titulaciones.<br /><br />Como instrumento para realizar estas evaluaciones el Instituto ha elaborado una <a href="http://www.gencat.net/salut/ies/Du11/html/ca/dir1608/dn1608/criteri_homeopatic_oficial.pdf">Guía de Evaluación</a> (en catalán) en la que se fijan los criterios que deberá cumplir el futuro homeópata para poder ejercer como tal, y contiene una serie de recomendaciones y directrices que deberán aplicarse y observarse, tanto en el ámbito del tratamiento de enfermedades como en el de la práctica deontológica. Por ejemplo, qué debe conocer el aspirante sobre el nacimiento de la homeopatía y su historia, fundamentos, principios, cómo se elaboran los remedios y cuáles son sus aplicaciones, cómo realizar un diagnóstico completo, la entrevista al enfermo, la relación de la homeopatía con la medicina convencional, etc, etc.<br /><br />En el apartado <strong>Conceptos Fundamentales</strong>, la Guía establece que el futuro practicante homeópata deberá saber qué es y ser capaz de valorar el estado "de <strong>la fuerza vital de la persona</strong> para decidir acertadamente la orientación terapéutica..." así como "ser capaz de evaluar sus manifestaciones psicofísicas".<br /><br />Luego entra en los apartados concretos correspondientes a cada enfermedad a tratar, con otra serie de recomendaciones y advertencias, algunas concretas y relativas y otras generales. Estas de tipo general son:<br /><br />"A. Ser capaz de identificar por parte del terapeuta la situación de salud a tratar en base a las necesidades y síntomas de la persona.<br />B. Evaluar las causas de la alteración.<br />C. Aplicar el tratamiento homeopático dirigido a potenciar y activar los propios recursos de<br />la persona y sus defensas, para conseguir su equilibrio y su bienestar, y mejorar así su calidad de vida.<br />D. <strong>Orientar y ayudar a la persona a hacer frente a su situación de salud, según sus propias decisiones, y a recuperar la armonia, así como el desbloqueo de la energia</strong>".<br /><br />En ningún momento ni lugar de la Guía se explican éstos conceptos de fuerza, energía, armonía... ni su relación con el estado físico del paciente. Se supone que los examinandos deberán aprenderse y estudiar por su propios medios unos conceptos tan sumamente importantes para su práctica, y yo me pregunto en qué fuentes beberán (¿<strong>Mesmer</strong>, quizá?).<br /><br />Desde luego que en la Guía citada no hay nada nuevo: se limita a fijar unos mínimos exigibles para poder ejercer como homeópata, pero no cuestiona ni los fundamentos ni la práctica de la homeopatía. Otro ejemplo de cómo lo urgente suele atenderse antes que lo importante.Manolo_elmashttp://www.blogger.com/profile/07285531799392419250noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-27740239.post-5371978187698495282007-01-26T19:20:00.000+01:002007-01-26T23:23:31.691+01:00Mentiras homeopáticasCuando la gente habla de homeopatía, mayormente sus practicantes y seguidores acérrimos, utilizan con frecuencia un concepto que me irrita profundamente, porque se lo apropian injusta -y yo diría dolosamente-, y lo hacen aparecer como algo que la Medicina convencional rehúsa: <strong>considerar al paciente como un todo</strong>.<br /><br />Hay muchas homeopatías, casi tantas como desarrolladores de sus "principios" (muy mal nos iba a ir si hubiera tantas medicinas como médicos): la unicista o pura de Hahneman, la más espiritual de Tyler Kent, la homotoxicología de Reckeweg, la pluralista, <a href="http://homeopatilin.blogspot.com/2007/01/homeopata-y-astrologa.html">la astrológica</a>,... Todas ellas han agregado su particular granito de arena a la teoría original. Y todas tienen el elemento en común de pregonar que actúan <strong>holísticamente</strong>, osease, atendiendo no sólo a los aspectos concretos de la enfermedad, sino también al comportamiento social, el bagaje cultural, los hábitos deportivos y sexuales, las fobias y filias del enfermo, etc.<br /><br />Claro, lo que ocurre, según los homeoplastas, es que las enfermedades están causadas por desequilibrios en la energía vital, por desarreglos psicológicos o porque uno le tiene miedo a los truenos o siente temor ante los enanos. Si esto fuera así, que no lo es, los médicos harían (y hacen) muy bien en ignorar todas estas zarandajas. Por fortuna no se tragan esa bola y se dedican en cuerpo y alma -y todo lo que el falible sistema les deja- a lo que realmente importa: descubrir la enfermedad, sus causas, sus agentes causantes, en su caso, y ponerle remedio, NO SOLO A LOS SINTOMAS, señores homeoplastas, sino al mismo origen de la enfermedad.<br /><br /><a href="http://bp1.blogger.com/_lyYFY2ukt8k/RbpLcVTUduI/AAAAAAAAAAk/zE4Iy7iKlnc/s1600-h/dientes.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5024411284411807458" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_lyYFY2ukt8k/RbpLcVTUduI/AAAAAAAAAAk/zE4Iy7iKlnc/s320/dientes.jpg" border="0" /></a>En concreto, la odontología homeopática (¡tachán!) se aferra al término <strong>"holismo"</strong> para exponer sus teorías y sus conclusiones, por supuesto no probadas, y se lanza al ruedo para pregonarlo. En concreto, una especialista de dicha práctica <a href="http://www.odontohomeosite.com.ar/lbcpdt.html">nos dice en su web</a>:<br /><br /><em>"Considerando al individuo como una unidad indivisible que no puede reducirse a sus partes individuales ni puede ser separado de su entorno social, cultural y espiritual, deberíamos pensar que cuando surgen patologías en la boca, esto también pertenece a un desequilibrio o una desarmonía más profunda que se evidencia por síntomas que van más allá del cuidado y atención que se dedique a la higiene o la dieta</em>."<br /><br />Hala, ya puede comenzar la mascletá, que dicen en mi tierra.<br /><br />Pues sí, señora mía, eso es cierto (salvo lo de la "desarmonía", claro), ¿pero en qué difiere realmente su pensamiento de la práctica convencional de la medicina? Las patologías bucales pueden ser debidas a muchas otras causas, además de las que cita, como malformaciones congénitas, traumatismos, infecciones, etc. Pero usted no puede decir que los odontólogos y médicos en general no atienden a la causa de esas patologías, porque estaría mintiendo. ¿O usted, como dentista, no receta antibióticos, sólo "globulitos"? ¿No está reconociendo, pues, que ataca el origen de la patología, como el resto de médicos, y no sólo sus síntomas?<br /><br />Caray, si hasta el mismísimo <strong>Hahneman</strong> lo reconoce (aunque sus afirmaciones puedan parecernos estrambóticas), como usted misma lo cita:<br /><br /><em>"Cuando el dolor de dientes no surge de una herida externa que inmediatamente lo preceda siempre representa el síntoma principal de una enfermedad que se encuentra distribuida con diferente índole por todo el sistema, surgiendo por ejemplo de una prolongada lactancia, por abuso de las funciones sexuales, del café o té por miedo, por enojo, por ejercicios violentos y recalentamiento del cuerpo, por fatiga, por enfriamiento, por una vida sedentaria, etc."</em><br /><em></em><br />Es decir que, como el mismo factótum reconoce, la enfermedad puede deberse a múltiples causas, y éstas deben investigarse una por una hasta dar con la correcta. Pero eso no es privativo de la homeopatía, mi buena señora, eso lo hacen los médicos de verdad diría yo que desde que se estableció la Medicina como ciencia, mucho antes -pues- de que la homeopatía se inventara.<br /><br />Y sigue diciendo Hahneman un poco más abajo:<br /><br /><em>"Es necesario buscar el remedio que corresponda ya que si utilizamos el incorrecto el cuadro puede agravarse. Digo remedio, no implicando paliativos, los cuales solo calman el dolor por quince minutos y luego lo empeoran, sino que insisto en un agente medicinal que sea apropiado para la enfermedad que elimine el dolor por completo en el término de algunas horas, para que por un largo tiempo (casi tan largo como la vida) no vuelva a ocurrir</em>"<br /><br />¿Ese "remedio" no implicará la extracción de una muela, previa radiografía o la corrección mediante aparatos, no? ¿Y ese "agente medicinal" no se referirá a los antibióticos, analgésicos, antiinflamatorios, etc, verdad? ¿Dónde radica la diferencia, pues? (aparte, por supuesto, de que los antibióticos convencionales suelen acabar con la infección o las extracciones corrigen malformaciones y alivian permanentemente el dolor, y los remedios homeopáticos suelen producir menoscabo de economías inocentes) ¿A qué santo esa "propiedad holística" como privativa y exclusiva de la homeopatía?<br /><br />Pero eso no es todo, ni mucho menos. En su afán de aparentar ser más holísticos que nadie, que eso viste mucho, algunos se inventan teorías -repito, en absoluto probadas- sobre nuevas aplicaciones homeopáticas. Así, como son todos tan holísticos, no pueden resistir la tentación de flirtear con otras pseudoprácticas, como la digitopuntura, para seguir dale que dale con que el cuerpo humano es un todo, y eso lo descubrieron ellos hace poco.<br /><br />La <strong>teoría odontohomeopática general</strong>, volviendo a ella de nuevo, lanza al ruedo la especie (léase burrada supina) de que cada diente tiene relación con un órgano determinado de la persona: por ejemplo, el primer y segundo molar tienen relación con las glándulas mamarias, los caninos se relacionan con la vesícula biliar o los incisivos superiores con los órganos sexuales y la glandula pineal. <a href="http://www.odontohomeosite.com.ar/rdo.html">Aquí pueden comprobarlo los lectores</a>.<br /><br />Total, que de auténticos y probos humanistas, nada de nada, más bien al contrario, ingeniosos homeoplastas que se revisten de conceptos grandilocuentes intentando dejar a los sufridos médicos de verdad y a la Medicina que practican a la altura del betún. Y nada que se salga fuera de la práctica común de la medicina alopática, así que menos humos; "está todo inventado", como dijo Manolete.<br /><br />¿Están ustedes afirmando que los médicos convencionales no prestan atención a la obesidad como causa de hipertensión arterial, o no tienen en cuenta la influencia del stress en las úlceras gastroduodenales, o ignoran que la caries se produce por mala alimentación y falta de higiene dental (en puridad la producen ciertas bacterias, pero vaya...)? ¿Y no atacan la raíz de estas y otras dolencias, su causa? ¿De veras se limitan, como dicen y mienten la mayoría de homeópatas, a tratar los síntomas y en paz?<br /><br />Así que ya está bien de coñas marineras y de que si la abuela fuma, y no fabulen más. Están faltando gravemente al respeto de los miles y miles de médicos que estudian, investigan, se preocupan e invierten su valioso tiempo en descubrir por qué demonios se ponen -sí, también ustedes, homeoplastas- enfermos.Manolo_elmashttp://www.blogger.com/profile/07285531799392419250noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-27740239.post-1847833384558921292007-01-14T01:57:00.000+01:002007-01-14T03:05:27.371+01:00Homeopatía y AstrologíaLa mayoría de nosotros, cuando pretendemos revestir de veracidad y/o seriedad alguna afirmación o actividad, buscamos -si no lo hemos hecho previamente, lo normal es que sí- avales, información, hechos que convaliden y apoyen sin lugar a dudas nuestra afirmación o que respalden nuestra actividad y que la revistan de la máxima fiabilidad posible. Eso podría llamarse en lenguaje llano "cargarse de razón", y es muy importante de cara a la formación interna de cada persona, a su credibilidad de cara a la sociedad y a su manera de desenvolverse en el mundo.<br /><br />La homeopatía, como si de una persona se tratara, también busca ese respaldo, ese certificado de validez, y acude a "autoridades", a "métodos", a "experiencias" para obtener su espaldarazo (desde sus presuntas bases hipocráticas hasta su aspiración de convertirse en disciplina cientifica regulada). Pues bien: un homeópata italiano -lástima no conocer su nombre- se ha puesto a investigar por su cuenta y ha encontrado interesante y apropiado para respaldar su actividad nada menos que la astrología, seguramente convencido de que la probable influencia de las estrellas es un aval, además de antiquísimo, de lo más apabullante.<br /><br />Nuestro buen homeópata ha escrito un opúsculo al que he tenido acceso en su versión castellana, titulado simplemente "Homeopatía y Astrología", y en él expone algunos asuntos muy interesantes respecto a esa relación en principio tan extraña. Seguramente no acaba de apercibirse del flaco favor que con ello ha hecho a los defensores de la homeopatía digamos más ortodoxa o académica, que intenta por todos los medios acercarse a la cientificidad y al status oficial para desvestirse de su ropaje pseudomágico y no perderse en los mares del olvido definitivamente.<br /><br />Pero vaya, nuestro amigo ha encontrado, como decíamos , algunas relaciones interesantes. Por ejemplo, los dichosos Cuatro Elementos Fundamentales se corresponden a los cuatro arquetipos físicos del ser humano (que dice ser: linfático, sanguíneo, bilioso y nervioso), y en ellos, además, se encuentran incluídos todos los signos del Zodíaco, respectivamente como signos de Agua, Tierra, Aire y Fuego. (Aquí hay que mencionar al gurú de la astrología moderna, <strong>André Barbault</strong>, que en su <em>"Tratado de Astrología"</em> ya sugiere considerar la energía planetaria de la Luna y Neptuno asimilable al elemento Agua; la del Sol, Marte y Urano cercanas al elemento Fuego; Mercurio y Saturno corresponderían a la Tierra y Venus y Júpiter al aire).<br /><br />Sigamos. Entre otras cosas, nuestro homeópata ha establecido -a mi parecer- una nueva extensión de la astrología que yo hasta ahora desconocía por completo: <strong>la astrología anatómica</strong>. No sólo las estrellas condicionan nuestro destino y carácter, sino también decretan si somos gordos o flacos, altos o bajos, con buena o mala leche, con granos o sin granos, deportistas o vagos, guapos o feos.<br /><br />Pero mejor lo leemos directamente de su obra (el documento venía ya traducido y no he querido retocarlo). Comienza comentando la estrecha relación entre los signos del zodíaco y los cuatro elementos primigenios:<br /><br /><span style="color:#000099;">"La astrología se basa sus bases en las energías vibratorias de cuatro específicos elementos, cada uno correspondiente a una lista manifestación energético presente en naturaleza, cada uno representante un particular tipo de percepción psico–física - emotiva.<br />Cada elemento corresponde a un estado de la materia: el Fuego es la energía radiante ionizada, la Tierra es la materia sólida, el aire es la materia gaseosa y el agua aquella líquida.<br />Estos cuatro elementos, representando la composición fundamental de todas las estructuras materiales y orgánicas que obran dentro del universo conocido, van a también crear la estructura portante energética del Zodiaco.<br />Y las doce Señales Zodiacales, como arregla simbólico energético expresan los muchos matices del elemento primordial al que pertenecen por similitud.<br />El elemento Fuego expresa la energía dinámica y cinética, la excitabilidad y el fervor físico, psíquico y espiritual. Y la lucha, el salto imperioso por la conquista material o la realización moral o la elevación espiritual.<br />Aries, Leo y Sagitario como señales de Fuego manifiestan el principio vital que infunde calor, ilumina y energiza. Se caracterizan por el entusiasmo, la creatividad o, al negativo, por el egocentrismo y la vehemencia.<br />La Tierra representa la energía de conservación, condensación, contracción, expoliación, límite. Y la mineralización, la cristalización, el endurecimiento. Simboliza la acumulación, la estabilidad, la resistencia y la concentración.<br />Las señales de Tierra - Tauro, Virgo y Capricornio - manifiestan habilidad en el empleo del mundo material, conservatorios son prácticos y, al negativo, posesivo, melancólicos y pesimistas.<br />El aire representa todo lo que es movimiento y comunicación: es la energía vital asociada con la respiración; es la energía mental que planea e hipotiza. Se difunde y se acostumbra.<br />Géminis, Libra y Acuario como señales de aire, son atadas a las expresiones de la mente y a las percepciones del pensamiento. Libertad, disponibilidad, alegres vitalidades los caracterizan. Al negativo: inquietud, labilidad y la tendencia a dispersar “al viento” las mismas energías.<br />En cambio Cáncer, Escorpio y Piscis pertenecen al elemento Agua expresión de creatividad, acrecentamiento, desarrollo evolutivo de la especie. Y la energía regeneradora y compenetrante. Y fluidez, humedad, dilatación, calma, tolerancia pero también pasividad, sensiblería, variabilidad, apaticità e impresionabilidad</span>."<br /><br />Y en seguida nos presenta los tipos homeopáticos según estén influenciados por uno u otro elemento primordial. Recordemos lo importantísimos que son la constitución física y los rasgos de la personalidad del paciente para la homeopatía:<br /><br /><span style="color:#000099;">"En toda su actividad de investigador clínico Hahnemann no estuvo nunca muy interesado a las clasificaciones constitucionales en cuanto elaboró a uno su personal subdivisión se basada en las Diátesis.<br />Sus sucesores pero oyeron la necesidad de acercar las diátesis homeopáticas a las tipologías constitucionales de los antiguos sistemas médicos basados sobre la teoría humoral, clasificaciones que–por la cultura occidental - parten todo de aquéllos creados por Hipócrates de Coo (458–370 A.C.).<br />En la suya “Teoría de los Humores” Hipócrates distingue cuatro de ello fundamentales: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra o atrabile.<br />De esta clasificación se producen cuatro carácteres humanos fundamentales: lo Sanguíneo cuando hay predominio de la sangre; lo Linfático si prevalece la flema; lo Bilioso cuando hay abundancia de bilis amarilla; lo Nervioso cuando prevalece el atrabile (bilis negra).<br />Pero el mismo Hipócrates se inspiró en las doctrinas de las escuelas curo–filosóficas natas en Magna Grecia acerca de un siglo antes de él, sobre todo a las de Empédocles de Agrigento (492–432 A.C.) che facevano risalire ogni principio primordiale a quattro elementi naturali: il fuoco, la terra, l’aria e l’acqua.<br />Platón al alrededor de en el 410 A.C. scriveva:<br />“[…] ya que son cuatro los yernos de elementos de que es compuesto el cuerpo o sea tierra, fuego, agua y aire, el exceso y el defecto de estas cosas contra naturaleza o el desplazamiento que ocurra de su sede a un diferente de la ustedes, producen perturbaciones y enfermedades” Las Constituciones Homeopáticas se pueden comparar así con los Modelos del Tema Navidad, en relación a los Elementos Astrológicos predominantes en el Tema: la Constitución Carbónica corresponde al elemento Agua, el Sulfurica al Fuego, el Sulfurica Muriático al aire, la Fosfórica a la Tierra.</span> "<br /><br />Pero la cosa no acaba aquí, sino que el autor del trabajo nos presenta tres nuevas constituciones homeopáticas suplementarias, seguramente -aunque del todo improbable- por si algún paciente, llegado el caso, se le escapara de alguna de las precisas características anatómicas expuestas anteriormente:<br /><br /><span style="color:#000099;">"Por el elemento Agua: la Constitución Fluorica<br />La gran particularidad del sometido Fluorico es la asimetría del cuerpo–un hombro más sobre de la otra, una pierna ligeramente más larga, un ojo un po más grande de otro, dientes del esmalte irregular instalado irregularmente, etc–unida a una grande flexibilidad e iperelasticità debido a la hipotonía muscular y al iperlassità legamentaria.<br />Podemos comparar este biotipo con un acróbata por la capacidad de lograr asumir posturas difícilmente factibles de sujetos normales.<br />Difícilmente el peso corpóreo alcanza el sobrepeso, los dedos de las manos son flexuosos, los pies presentan el aplastamiento de la vez plantilla y las articulaciones a nivel de la tibia están cansadas con tendencia a las distorsiones–las mujeres dolores soportan los zapatos con los tacones altos -; los huesos son deformados y gráciles.<br />El Fluorico es predispuesto como como hacia las descalcificaciones la osteoporosis y los ipecalcificazioni el espesamiento del fémur; cortinas a los lombalgie, a las luxaciones; el lassità del tejido elástico se lo prepara a los ptosi del estómago, riñón y útero, a las hernias congénitas, a las varices, a las almorranas, al fibroma uterino, a las carreras, al fibrosclerosi de los tejidos del testículo, del overa, de la mama, del útero, de las amígdalas y adenoides.<br />Psicológicamente en el sometido Fluorico predomina la inestabilidad psíquica con tendencia a la paradoja y al imprevisible: el niño es inestable, indisciplinado, agitado con dificultad a agruparse en el estudio; el adulto es un ansioso que se desanima pronto, preocupándose de todo,<br />Sus más altas calidades son la intuición y la genialidad que lo llevan hacia el éxito social y profesional pero también puede actuar sin escrúpulos, llegando a asumir comportamientos deplorables y viciosos.<br />El Fluorico deforma su realidad y aquel del mundo en cuyo vivas hasta no aceptar la misma imagen, el propio cuerpo y toda su complejidad psicotécnica lo predispone hacia el alcoholismo.<br />Las personas que nacen con muchos planetas en las señales pertenecientes al elemento Agua son las que se acercan de más a esta biotipología, sobre todo aquellos sujetos en que, en el Tema Navidad, predomina la señal de los Piscis y el planeta Neptuno.<br /><br />Por el elemento Tierra: la Constitución Mesoendoblastica<br />En este biotipo el talle es bajo, pesado, holgazana, inarmónica con un desarrollo más en ancho que en altura; todo es grande: nariz, orejas, labios, manos, pies, músculos, genitales.<br />El predominancia digestivo se repone de la boca grande, de la baja estatura es de la flema.<br />El aspecto macizo y el abundante desarrollo pilífero le otorgan un aspecto casi bestial.<br />De mediocre inteligencia, insensible a las ajenas exigencias, duras, materialista y realista cuando se encuentra en disequilibrio psicofísico puede llegar a ponerse impulsivo, bestial, agresivo, en poder de impulsos malos.<br />Los característicos psico–físicas - humorales del Mesoendoblastico se asocian bien con algunos sujetos pertenecientes al elemento Tierra, sobre todo aquellos en cuyo Tema Navidad hay predominancia de planetas en la señal del Tauro.<br /><br />Por el elemento Aire: la Constitución Muriática<br />Cuando en la Constitución Sulfurica Muriático domina de más la miembro muriática el sujeto generalmente está delgado, tendente a la anemia sideropenica, del cutis malsano, predispuesto hacia las enfermedades de enfriamiento con aridez de la mucosa nasal y rinitis también alérgica: un hipotenso que a menudo está sobre todo enfermo de cefalea y hemicráneas si estudiante echa el ancla, que puede sufrir de mala digestión debida a un defecto de producción del ac. Clorhídrico y que con el pasar de los años ayuda incontinencia urinario.<br />El sueño a menudo es molestado sobre todo a causa de la inseguridad psicológica con complejos de inferioridad; después de los acontecimientos desagradables fácilmente cae presa de síndromas ansiosas–depresivas.<br />Caratterialmente quiere a la compañía pero no la concede, no hiere para no ser herido, es sobre todo muy sensible a la disonancia famigliare en la fase juvenil.<br />En la fase de descompensación psicofísica lo Muriático es desalentado, cortinas a investigar recuerdos desagradables para poder afligir; teme la soledad pero luego la búsqueda, se preocupa por su futuro y tiene miedo de perder la razón.<br />Se conmueve tan mucho por él mismo de hacerse tomar de continuas palpitaciones.<br />Ninguna cosa logra más a alegrarlo y se pone duro de modos, perezosos, fácilmente irritable, que rehuye cualquier tipo de trabajo prolongado.<br /><br />Tal como es realmente difícil encontrar un Tema Navidad completamente sólo dominado por uno Elemento, es casi imposible encontrar a un individuo caracterizado por una sola predominante Constitución Homeopática. Generalmente cada uno de nosotros es estructurado de al menos dos constituciones, en cuyo generalmente uno domina con respecto de la otra y del análisis del propio Tema Navidad es posible remontar a los tipos de Constituciones predominantes.<br />Para localizar la Constitución Homeopática, del análisis del Tema Navidad, se tiene que determinar los Elementos dominantes observando la posición de los planetas personales en las señales zodiacales.<br />Luego se pueden conseguir todavía informaciones útiles de los aspectos astrales entre los planetas: se tienen que considerar importantes los aspectos angulares de un planeta al Sol; de un planeta hacia el planeta señor de la señal en que cae el ascendiente; de un planeta hacia el planeta señor de la señal solar–por los sujetos femeninos tienen que también ser tomados en consideración los aspectos a la Luna -. "</span><br /><span style="color:#000099;"></span><br /><span style="color:#000000;">En fin, lo que decía al principio, flaco favor ha hecho si pretendía con la astrología dar carta de seriedad a la homeopatía. Para mí que es al revés, que aún la desacredita más, y seguro que muchos homeópatas estarán pensando lo mismo.</span>Manolo_elmashttp://www.blogger.com/profile/07285531799392419250noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-27740239.post-1168051740827353832007-01-06T03:35:00.000+01:002007-01-06T04:04:53.646+01:00En Suiza la homeopatía es una cuestión de decisión popular<span style="font-style: italic;">En el año 1999 un </span><a style="font-style: italic;" href="http://tinyurl.com/yjyehx">estudio promovido por el Dr. Matthias Egger</a><span style="font-style: italic;">, de la Universidad de Berna, en Suiza, y que se publicó en la revista </span><span style="font-weight: bold; font-style: italic;">The Lancet</span><span style="font-style: italic;">, concluyó que </span><span style="font-weight: bold; font-style: italic;">la homeopatía no ofrecía mayores garantías de efectividad que el placebo</span><span style="font-style: italic;">, y propuso en consecuencia que ella misma, y cuatro "terapias naturales" más fueran excluídas del catálogo de base de los seguros médicos obligatorios.</span><br /><br /><span style="font-style: italic;">"No decimos que la homeopatía no funciona", explica Matthias Egger, partícipe en la investigación. "Sólo decimos que los efectos que la gente parece sentir, tal vez no se deben a las pastillitas blancas."</span><br /><br /><span style="font-style: italic;">El efecto placebo de un medicamento sin agente activo es un fenómeno suficientemente investigado. Un medicamento funciona porque el paciente lo cree así. De esta forma, los científicos han comprobado, por ejemplo, que se reducen los dolores dentales postoperatorios cuando el médico acerca el aparato de ultrasonido hacia la cabeza del paciente, ya sea que la máquina se encuentre prendida o no. Otro ejemplo: las pastillas de azucar verdes parecen tener mayores efectos que las rojas cuando se les da a las personas que padecen de temores.</span><br /><br /><span style="font-style: italic;">"Algunas personas se encuentran sencillamente más abiertas al concepto (homeopático)", dice Egger. "Valoran la conversación con alguien, en lugar de los cinco minutos de visita médica para recibir una receta. Buscan la interacción."</span><br /><br /><span style="font-style: italic;">Debido a que los placebos pueden lograr efectos terapéuticos, hay buenas razones para prescribirlos. No obstante, muchos médicos vacilan en dar ese paso por diversas razones.</span><br /><br /><span style="font-style: italic;">La ética médica ordena que la relación entre el doctor y el paciente debe basarse en la honestidad, el respeto y la confianza. Un médico que prescribe un placebo debe mentir a su paciente, sino el medicamento no tendría efecto.</span><br /><br /><span style="font-style: italic;">En segundo lugar, la prescripción de placebos podría llevar a contrarrestar los síntomas, en lugar del padecimiento. El dolor de cabeza puede ser un síntoma del estrés, pero también es señal de un tumor. Los métodos de tratamiento necesarios son en ambos casos muy distintos.</span><br /><b style="font-style: italic;"><br /></b><span style="font-style: italic;">De acuerdo a datos de la Asociación de Médicos Homeópatas de Suiza, que cuenta con alrededor de 400 miembros, "alrededor de 20% de la población se trata regularmente con la homeopatía". Algunos estudios incluso indican que un 80% de la población suiza ya ha acudido a este tipo de tratamiento.</span><br /><br /><span style="font-style: italic;">Fruto de la presión que este grupo y otros realizaron sobre el tema, las autoridades federales han decidido someter a consulta popular la inclusión o no de la homeopatía en el sistema sanitario suizo. El propio Egger votará por el 'no' en las urnas. "Pero si la mayoría del voto ciudadano quiere esa oferta en los tipos de tratamiento, lo aceptaremos con gusto.</span>"<br /><br />Hasta aquí la noticia.<br />Descorazonadora, por cierto. Porque, ¿hemos de dejar nuestra salud en manos del público en general, o de interesadas compañías aseguradoras, o en manos de quien debe estar, los médicos titulados? Hay que hacer notar que la consulta popular no se basa en la eficacia o no de la homeopatía, sino en su pertinencia o no como actividad médica asegurada. Parece ser, y esto es lo más grave, que se soslaya el tema de la eficacia de la homeopatía, aún cuando los estudios realizados son concluyentes en su contra. Demasiado mercado, demasiada mentalidad monetaria... Al fin y al cabo parece que al suizo medio no le importa pagar más por un servicio médico aunque no esté demostrada su eficacia. Puede parecer un interés legítimo, el acaparar todas las posibles soluciones a un problema de salud, pero dice muy poco sobre el espíritu crítico del público en general, y menos aún de las compañías aseguradoras, que no dudarán en aumentar sus pólizas con el pretexto del nuevo gasto farmaceútico.<br /><br />La salud y el dinero, pésima combinación.<br /><b><br /></b><a href="http://tinyurl.com/yfu5r6">[Noticia original en este enlace]</a><b><br /></b>Manolo_elmashttp://www.blogger.com/profile/07285531799392419250noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-27740239.post-1165693379350665882006-12-09T20:11:00.000+01:002006-12-10T12:34:07.933+01:00Video de "El caso Benveniste" - La memoria del aguaAcabo de subir a <strong>Youtube</strong> un extracto del documental de <strong>Nature</strong> sobre homeopatía, concretamente el fragmento que corresponde al <strong>caso <a href="http://www.pensar.org/2005-01-pastillas-02.html">Benveniste</a></strong>, su explicación, experimentación, puesta en duda y desestimación.<br /><br />Os pongo en <strong>antecedentes</strong>: el equipo de Benveniste trabajaba sobre las alergias, observando como una células llamadas <strong><a href="http://www.cfnavarra.es/salud/anales/textos/vol26/sup2/suple6a.html">basófilos</a></strong> reaccionan ante la presencia de sustancias extrañas, provocando los síntomas alérgicos. Durante un experimento, Benveniste añadió a un preparado con basófilos una sustancia disuelta homeopáticamente en agua, y observó con extrañeza que seguían produciéndose los resultados antedichos: los basófilos reaccionaban. Benveniste sabía perfectamente que en el preparado homeopático no podía haber molécula alguna de la sustancia añadida, pero aún así parecía que sus efectos se producían igualmente. Parecía que el agua "recordara" las sustancias que habían estado disueltas en ella. Benveniste llamó a este fenómeno "la memoria del agua".<br /><br /><strong><a href="http://www.youtube.com/watch?v=IES8ydo8QP8">Y aquí comienza el fragmento del documental que podéis ver desde aquí mismo</a></strong>.<br /><br /><strong><span style="color:#000099;">[Actualización a las pocas horas]</span></strong><br /><br />Me he topado en el mismo <strong>Youtube</strong> con otros videos acerca de la memoria del agua. Corresponden al inefable <strong>Iker</strong> y a su programa <strong>Cuarto Milenio</strong>. No sé si debería haberlos puesto antes de la entrada principal y el video de Benveniste o después, para comparar. Vosotros decidiréis.<br /><br />En la primera parte del vídeo se entrevista al <strong>doctor Masaru Emoto</strong>, que parece muy comedidito en sus declaraciones, conociendo su verborrea tradicional. Iker habla de que el agua en la actualidad "está como herida" (snif snif). El colaborador de Iker está fascinado de cómo gracias a los experimentos de Emoto se "puede ver visualmente" (sic) la estructura del agua. <strong><a href="http://tinyurl.com/y457u9">Lo podéis ver aquí.</a></strong><br /><strong></strong><br />En la segunda parte el colaborador del programa le dedica frases como "te amo", "te quiero", "qué bueno eres" a un tarro lleno de arroz. <strong><a href="http://tinyurl.com/ye8yp7">Y más cosas bonitas y emocionantes que podéis ver aquí.</a></strong> (Como por ejemplo, la evidencia científica de que al agua le encanta Mozart y odia a ACDC). Pero no puedo resistir y os adelanto el final: a la pregunta de Iker si estos fenómenos se reproducen siempre, el invitado responde: "No, sólo algunas veces". Mayor evidencia de contrastación empírica y científica imposible...<br /><br />Por fin, un pequeño extracto de la serie <strong>House</strong> relativo a las pseudomedicinas, y que subió a Youtube <strong><a href="http://blogs.elcorreodigital.com/index.php/magonia/">Luis Alfonso Gámez</a></strong>.<strong> </strong><a href="http://tinyurl.com/ygh5e3">Aquí podéis verlo</a><strong>.</strong>Manolo_elmashttp://www.blogger.com/profile/07285531799392419250noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-27740239.post-1164833421249968212006-11-29T21:49:00.000+01:002006-12-01T18:19:45.080+01:00Un veredicto (JG3)<em><span style="color:#ff6600;">Buscando buscandito, me he topado en Internet con una página web, ya extinta, de un tal Javier Garrido, en la que se exponen diversas cuestiones sobre esta pseudomedicina, algunas ya requetecontrastadas y requetecitadas en este y en otros blogs sobre el tema, y otras no tanto, algunas anécdotas o ciertos puntos de vista interesantes. Así, aunque pueda parecer una redundancia, y sin pedirle permiso al autor, puesto que -como su web- ha desaparecido de Internet, me permito reproducir aquí algunos de sus artículos sobre el tema. Los he señalado como JG1, JG2 y JG3.</span></em><br /><br />Un ilustre contemporáneo de Samuel Christian Hahnemann, el físico y astrónomo <strong>Pierre-Simon Laplace</strong>, solicitó cierta vez que se incorporase la Medicina a la Academia de Ciencias, para que allí, en contacto con los verdaderos sabios, los médicos empezaran a hacerse científicos. Demás está decir que esta despectiva opinión resulta exagerada en más de un sentido, pero a pesar de eso refleja bastante bien la percepción que tenían los hombres de aquella época respecto a la Ciencia Medica. Y no podía ser de otra forma: los conocimientos fisiológicos se hallaban aún en estado embrionario, se desconocía por completo la etiología de las enfermedades, se carecía de medios adecuados de diagnóstico, las terapéuticas efectivas eran escasas y se apelaba con frecuencia a tratamientos tan brutales como inútiles. Si se compara todo esto con el desarrollo de la Física a partir de Galileo casi terminaremos por darle la razón al marqués de Laplace. Esta situación iría cambiando paulatinamente a lo largo del siglo XIX, que es el siglo de Claude Bernard, de Rudolph Virchow, de Lister, de Pasteur, de Robert Koch, de Laennnec, de Semmelweis...<br /><br />Hahnemann descubre o inventa su sistema en 1796, y publica su obra monumental, el "Organón de la Medicina Racional" en 1810. Lo hizo mezclando una idea que rondaba por la conjetural medicina de esos tiempos desde hacía varios siglos, con suposiciones propias, apreciaciones arbitrarias e inferencias gratuitas. Mientras aquella medicina que tanto desdeñaba Laplace se transformaba poco a poco en una autentica ciencia experimental y empezaba a producir resultados tangibles, la Homeopatía cesó de evolucionar prácticamente desde el mismo momento de su nacimiento, estancándose en los "hechos" descubiertos por Hahnemann y poniéndose de espaldas a todos los descubrimientos posteriores, encerrandose en lo que solo se puede calificar de dogmatismo autista. Y esto no es poco decir: son dos siglos en los que el conocimiento médico, desarrollándose a un ritmo cada vez más acelerado, ha encontrado más respuestas, y de un modo absolutamente abrumador, que en todos los siglos anteriores de la historia de la Humanidad.<br /><br />En lugar de esto, ¿qué nos ofrece la Homeopatía?<br /><br />1. Una ausencia total de bases científicas comprobables, de datos bien contrastados y reproducibles.<br /><br />2. Un desconocimiento absoluto de la etiología de la enfermedad.<br /><br />3. Una "fisiopatología" y una "etiopatogenia" (por llamarlas de alguna forma) que no son otra cosa que una mezcolanza de nebulosos términos metafísicos con crasas arbitrariedades, opiniones sin fundamento y argumentos de autoridad.<br /><br />4. Una "nosografía" (por llamarla de alguna forma) basada exclusivamente en síntomas, muchos de ellos caracterizados por su vaguedad y su insignificancia, incapaz de diferenciar una peritonitis de una crisis histérica conversiva (si los síntomas son iguales, para un homeópata se tratará de la misma enfermedad).<br /><br />5. Una "terapéutica" (por llamarla de alguna forma) sin base racional ni lógica, contraria a la experiencia y a las evidencia acumuladas conjuntamente por la física, la química, la fisiología, la fisiopatología, la bioquímica y la farmacología, pero asimismo saturada de más términos metafísicos (en el mal sentido de la palabra).<br /><br />6. Una absoluta carencia de pruebas científicas de que su grotesca terapéutica funcione como algo más que un placebo. Por pruebas científicas quiero decir: ensayos clínicos bien controlados y reproducibles, y no la consabida evidencia anecdótica. Pero como han tenido doscientos años para demostrar algo y no lo han hecho, veo muy difícil que lo vayan a hacer de ahora en adelante.<br /><br />7. Un lenguaje pintoresco, mezcla de términos en desuso desde el siglo XVIII con "actualizaciones" fraudulentas, y una gama de "medicamentos" (por llamarlos de alguna forma) con bonitos nombres en latín.<br /><br />Entendámonos: los homeópatas proclaman orgullosamente que ellos, a diferencia de la perversa medicina "oficial", son los únicos que tratan causalmente la enfermedad (desconociendo completamente su etiología, su etiopatogenia y su fisiopatología) y al individuo (clasificándolo por sus síntomas en lugar que por su enfermedad), pero no ofrecen la menor prueba de ello. Nunca se les verá tratando una meningitis o una neumonía complicada, aunque disponen en su arsenal "terapéutico" de las drogas pertinentes (???), a menos que los Repertorios estén errados; con mucha prudencia han optado por refugiarse en las enfermedades crónicas y en cuadros evanescentes. Con frecuencia los vemos exhibir arrogantemente el siguiente malhadado "dictamen" de la O.M.S:<br /><br /><em>La Homeopatía es una disciplina médica cuyo énfasis principal es la terapéutica. Es un sistema de bajo costo que emplea exclusivamente drogas sin toxicidad. Puede usarse para tratar enfermedades agudas o crónicas, pero su más grande contribución está en el éxito de las enfermedades crónicas que se han transformado en difíciles de manejar por los métodos ortodoxos.</em><br /><br />Otra vez las enfermedades crónicas. Pero que lástima que eso no sea lo que postule Hahnemann, ni lo que afirmen sus discípulos hasta el día de hoy (dicho sea de paso, tampoco existen pruebas de que curen enfermedad crónica alguna; a lo más, las alivian; ¿otra vez el efecto placebo? ¿o es que estamos hablando de enfermedades que remiten periódicamente?). Frente a estás miserias casuística, la medicina "oficial" (yatrogénica por definición) ha logrado curas efectivas, y comprobadas de forma irrebatible, para decenas de enfermedades infecciosas, para numerosos procesos tumorales, para cardiopatías que con anterioridad eran mortales invariablemente; ha mejorado la calidad de vida de millones de personas con enfermedades crónicas mediante terapéuticas racionales y rehabilitación; ha logrado milagros tecnológicos como los transplantes de órganos; ha salvado a millones de vidas por medio de la vacunación; ha erradicado la viruela y está haciendo lo mismo con el sarampión y la poliomielitis... Y todo esto sin apelar a energías oscuras ni a verdades reveladas, y sobre todo, sin pretender tener en sus manos la panacea absoluta ni curar "causalmente" todas las enfermedades.<br /><br />Más que como una "medicina", la Homeopatía debería definirse como una secta religiosa, con su gurú infalible y omnisciente, con su dependencia de la Verdad Revelada y de la Fe Ciega, con su fascinación hacia lo irracional, con su adhesión a conocimientos y ritos inmutables y perennes, con su hostilidad hacia el conocimiento científico, con sus prácticas curanderas tomadas prestadas de la magia imitativa más rudimentaria. En ella no hay nada de ciencia, ni puede haberlo; desde sus inicios fue una pseudociencia, y hasta el día de hoy la situación no ha cambiado en absoluto.Manolo_elmashttp://www.blogger.com/profile/07285531799392419250noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-27740239.post-1164833349905414532006-11-29T21:47:00.000+01:002006-11-29T22:35:53.580+01:00Pero... ¿la homeopatía funciona? (JG2)<em><span style="color:#ff6600;">Buscando buscandito, me he topado en Internet con una página web, ya extinta, de un tal Javier Garrido, en la que se exponen diversas cuestiones sobre esta pseudomedicina, algunas ya requetecontrastadas y requetecitadas en este y en otros blogs sobre el tema, y otras no tanto, algunas anécdotas o ciertos puntos de vista interesantes. Así, aunque pueda parecer una redundancia, y sin pedirle permiso al autor, puesto que -como su web- ha desaparecido de Internet, me permito reproducir aquí algunos de sus artículos sobre el tema. Los he señalado como JG1, JG2 y JG3.</span></em><br /><br />Para efectos prácticos, cuando algo funciona en realidad, podemos disculparle las incoherencias teóricas que tenga en sus bases, aunque sea provisionalmente, hasta que la teoría se depure. Si la Homeopatía funciona ¿por qué no perdonarle su abuso de conceptos tan nebulosos e irracionales como "energía vital", "miasma psórico" y "dinamizaciones"? ¿O la tan dudosa Ley de las Semejanzas? Todo esto esta muy bien, siempre y cuando funcione. Pero ¿funciona?<br /><br />Para empezar, la Homeopatía apuesta muy alto postulándose como la única medicina que ataca la enfermedad en sus causas (bueno, existen otras "medicinas alternativas" que le hacen competencia al respecto). Esto, sin duda, suena impresionante, ya que aunque la medicina científica también persigue ese objetivo, con mucha humildad debe reconocer que se encuentra lejos de lograrlo para innumerables patologías. Ya que estamos informados que la homeopatía conoce la causa de las enfermedades (al fin y al cabo todas son perturbaciones de la "fuerza vital") y conoce el modo causal de tratarlas (por medio de los compuestos energéticos adecuados, a través de la Ley de las Semejanzas), no debe ser muy difícil demostrar si funciona o no. Pues no, no es nada fácil, y las dificultades nacen de las mismas bases teóricas de la Homeopatía.<br /><br />Cuando la medicina científica quiere demostrar la utilidad de un fármaco, hace uso de los llamados "ensayos clínicos controlados". En estos, se toman pacientes con cuadros nosológicos reconocibles y bien determinados, que cumplan con ciertos criterios, para luego separarlos al azar en varios grupos, a los que se les administra diferentes esquemas de tratamiento o placebos. La forma ideal de estos estudios son los realizados a doble ciego (ni el investigador ni el paciente conocen quien está recibiendo el medicamento de prueba y quien el placebo). Luego, los datos obtenidos son comparados con las herramientas estadísticas adecuadas y se decide si hubo diferencias significativas entre la evolución de los dos grupos. De esta manera podemos comparar, por ejemplo, dos antibióticos diferentes en el tratamiento de la neumonía neumocóccica. Un punto importante es que este es un tipo de ensayo reproducible, que otro investigador puede repetir, confirmando los resultados anteriores, o, con mucha frecuencia, refutándolos, lo que permite descubrir sesgos y fallas metodológicas en el estudio previo y dar pie a otros más depurados.<br /><br />Veamos, ¿es factible realizar algo similar en la Homeopatía? No digamos que es imposible, pero si extremadamente difícil. Para empezar, la Homeopatía no clasifica las enfermedades en cuadros nosológicos claros y definidos, sino en variopintas agrupaciones de síntomas, lo cual es inevitable si se considera que no son sino manifestaciones de la alteración de la fuerza vital. Esos mismos síntomas se clasifican según su grado, su cronología, su jerarquía, su frecuencia, su prescripción y sus modalidades. Según su frecuencia los síntomas pueden ser comunes o característicos, y estos últimos a su vez se dividen en psíquicos, claves, extraños, paradojales, alternantes, variables y concomitantes (por respeto al lector me abstengo de detallar todas las demás categorías). Por poner un ejemplo, los síntomas predominantes del enfermo sicósico son: miedo franco, suspicaz, falsedad, mentiroso, desconfiado, descontento, ambiciosos, bribón, memoria activa, precipitación, escandaloso, extrovertido, ostentoso, impúdico, voluptuoso, depresión mental, mejoría por el movimiento, agravación vespertina, agravación por la humedad, tendencia a la proliferación, excrecencias cutáneas y mucosas, retención de desechos, tumoraciones (no, no estoy inventando; esta delirante enumeración la he extraído de la <strong>página 115 de Homeopatía, Medicina del Terreno, de José Barros St Pasteur, editado por la Universidad Central de Venezuela</strong>).<br /><br />Quizás no sea ocioso recordar aquí al fraudulento Dr. Franz Kuhn (inventado por Jorge Luis Borges), quien atribuye a cierta enciclopedia china titulada "Emporio celestial de conocimientos benévolos" la siguiente clasificación de los animales: a) pertenecientes al Emperador, b) embalsamados, c) amaestrados, d) lechones, e) sirenas, f) fabulosos, g) perros sueltos, h) incluidos en esta clasificación, i) que se agitan como locos, j) innumerables, k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, l) etcétera, m) que acaban de romper el jarrón, n) que de lejos parecen moscas.<br /><br />Cuando queremos comparar algo, en primer lugar debemos tener algo que comparar. Y esa filigrana barroca de síntomas no deja mucho espacio para semejantes minucias. Un homeópata insistirá, por ejemplo, en que un grupo comparable será aquel que presente preocupaciones sin causa aparente (manifestación de un predominancia psórica latente), pies fríos, eructos ácidos, aversión por la ginebra, por la música de Telemann y por el tiempo nublado. Que le demostremos que tres de sus pacientes tienen neumonía, uno tuberculosis y dieciséis catarro común no le quitará el sueño en lo absoluto. Por supuesto, conseguir un grupo de estudio con características medianamente adecuadas en esas condiciones es una labor titánica hasta para los mismos homeópatas. Y sin uniformidad en los síntomas no puede haber uniformidad en el tratamiento, y mucho menos estudios adecuadamente reproducibles. Esta es una de las razones por las cuales los ensayos clínicos sean escasos en la "ciencia" homeopática, y de que cuando se realizan, casi siempre terminen siendo publicados exclusivamente en revistas homeopáticas.<br /><br /><strong><span style="color:#330099;">Ensayos clínicos en homeopatía</span></strong><br /><br />A pesar de la dificultad arriba mencionada, no se puede negar que, ciertamente, existen algunos estudios controlados sobre la "efectividad" de los remedios homeopáticos. Y si bien muchos de esos estudios simplemente no muestran ningún efecto beneficioso del tratamiento homeopático cuando se le compara con un placebo, existe un pequeño grupo de trabajos con resultados aparentemente positivos.<br /><br />¿Significa esto que, a pesar de todo, existen algunas pruebas objetivas de que la homeopatía funciona? Pues no necesariamente. Veamos por qué.<br /><br />Para empezar, el carácter de esos estudios suele ser problemático. La mayoría son realizados por homeópatas, y sus informes suelen estar contaminados con su retórica idiosincrásica, lo que hace sospechar fuertemente de la presencia de sesgos del investigador. Por regla general, las investigaciones se afincan sobre procesos crónicos (eczema, artritis reumatoide, asma, migraña, alergias, bronquitis, dismenorrea, síndrome de intestino irritable, etcétera), que suelen cursar en cualquier caso con remitencias y recrudecimientos periódicos; en otras ocasiones, se trata de procesos autolimitados (por ejemplo, la influenza). Por el contrario, las enfermedades agudas, como las infecciones bacterianas, para las que sería muy fácil y claro obtener resultados de curación o no, son ignoradas. Adicionalmente, aún los mejores trabajos suelen estar acribillados de fallas metodológicas.<br /><br />Una de las primeras expectativas que debemos desechar a la hora de revisar uno de esos estudios, es la de obtener evidencia contundente de una cura completa de la enfermedad que sea (la que, sin embargo, tendríamos derecho a esperar de acuerdo a la teoría homeopática). Esa evidencia simplemente no existe. A lo más que llegan esas investigaciones es a encontrar alguna diferencia estadísticamente significativa en la mejoría de los síntomas respecto a un grupo tratado con un placebo. En otras ocasiones, se investiga algún efecto periférico, pero sin entrar en detalles acerca de si los pacientes se curan o no. Por lo visto, todo el tema está impregnado de una vaguedad fundamental.<br /><br />Los estudios acerca de la "efectividad" de la homeopatía han sido objeto de diversas revisiones y meta-análisis. <strong>Una amplia revisión fue realizada por Scofield en 1984, y publicada el British Homeopathic Journal (The Brit Homeo J.1984;73:161-226</strong>). La conclusión de Scofield no puede ser más característica:<br /><br /><em>Es obvio, a partir de esta revisión, que, a pesar de todo el trabajo experimental y clínico, existe muy poca evidencia de que la homeopatía sea efectiva. Esto es debido al mal diseño, ejecución, presentación de los informes, análisis y, particularmente, de la falla en reproducir los trabajos experimentales, y no necesariamente debido a la ineficacia de un sistema que debe ser apropiadamente examinado en gran escala. Hay suficiente evidencia para justificar la ejecución de trabajos bien diseñados y cuidadosamente controlados.</em><br /><br />En otras palabras, la evidencia es escasa y derivada de trabajos mal realizados, pero cuando algún día se realicen trabajos adecuados, quizás la homeopatía demuestre su eficacia. Algo, sin duda, verdaderamente esperanzador. Por otra parte, el mismo Scofield afirma también que <em>la homeopatía no ha sido, ciertamente, refutada</em>. Esta afirmación solo puede ser calificada de malabarismo verbal: lo que en realidad interesa no es si está refutada o no, sino si existen pruebas de que funciona. Y estas, lamentablemente, brillan por su ausencia.<br /><br /><strong>Otra revisión del tema fue realizada en 1990 por Hill y Doyon (Rev Epidemiol Sante Publique 1990;38:139-147</strong>). Estos analizaron un total de 40 estudios en los que se comparaba la eficacia del tratamiento homeopático contra el tratamiento convencional o contra un placebo. Los resultados de este análisis no pueden ser más demostrativo: de los trabajos revisados, todos, excepto tres, tenían severas fallas de metodología y diseño. De los tres estudios supervivientes, solo uno había reportado resultados positivos. La conclusión de los autores fue que no existía evidencia de que el tratamiento homeopático tuviera algún valor. Posteriormente, se han realizado al menos dos extensos meta-análisis sobre la eficacia de la homeopatía. Un meta-análisis es un estudio en el que se reúnen los mejores estudios realizados (los más rigurosos, mejor controlados, etcétera), y se analizan como si fuera un solo trabajo de investigación. Es un método que tiene diversos pros y contras, pero que en muchas ocasiones puede contribuir a esclarecer una cuestión. Solo que en esta ocasión no es ese el caso.<br /><br /><strong>El autor del primero de esos meta-análisis fue Kleijnen, y sus resultados fueron publicados en 1991, en el British Medical Journal (BMJ 1991;302:316-323</strong>). En esa investigación se analizaron 107 estudios homeopáticos; en 81 de ellos se encontraron resultados "positivos" y en 24 "negativos". ¿Pudo Kleijnen sacar alguna respuesta concreta de todo esto? La respuesta aquí es no. Esta es la conclusión de los investigadores:<br /><br /><em>En este momento la evidencia de los trabajos clínicos es positiva, pero insuficiente para llegar a conclusiones definitivas, debido a que muchos trabajos son de baja calidad metodológica y debido al rol desconocido del sesgo de publicación.</em><br /><br />El sesgo de publicación mencionado es simplemente la tendencia a publicar los trabajos con resultados positivos, pero no aquellos con resultados negativos. Por demás, esta conclusión es exactamente idéntica a la emitida por Scofield siete años antes, incluyendo el detalle de la mala calidad de los estudios realizados. Sin embargo, no podía faltar (otra vez) la nota esperanzadora:<br /><br /><em>Esto indica que existe una causa legítima para más evaluaciones de la homeopatía, pero solo con trabajos bien ejecutados.</em><br /><br />Una vez más, el hospitalario futuro queda para aguardar esos estudios bien diseñados que no se resuelven a parecer por ninguna parte.<br /><br /><strong>Un segundo meta-análisis sería publicado en 1997 en el Lancet, con Klaus Linde y Nicola Clausius como autores principales (Lancet 1997; 350: 834-43</strong>). En este, se revisaron 186 estudios, de los que 119 cumplieron con los criterios de inclusión, pero solo 86 resultaron con datos adecuados para el meta-análisis. Globalmente, los remedios homeopáticos resultaron superiores al placebo, a pesar de los cual los autores optaron por la prudencia al concluir que <em>los resultados de nuestro meta-análisis no son compatibles con la hipótesis de que los efectos clínicos de la homeopatía son debidos completamente al efecto placebo. Sin embargo, nosotros encontramos evidencia insuficiente en esos estudios de que la homeopatía sea claramente eficaz para una sola condición clínica</em>. Y terminan sugiriendo la necesidad de más estudios "rigurosos y sistemáticos". Lo que ya suena bastante conocido.<br /><br />Las críticas a este trabajo fueron particularmente severas, incluyendo el ya mencionado sesgo de publicación, el escaso rigor de los criterios de los estudios utilizados, la combinación de trabajos con patologías y tratamientos muy diferentes. Se encontró que uno de los estudios incluidos había sido previamente citado como ejemplo de un inapropiado uso de las estadísticas. Por lo demás, los mismos autores consideraron (otra vez) que la evidencia clínica de la eficacia de la homeopatía seguía siendo insuficiente.<br /><br />Una vez más, seguimos en el mismo terreno: la evidencia incontrovertible y definitiva de que la homeopatía funciona sigue sin aparecer. Pero ¿a que se deben entonces esos resultados aparentemente positivos en algunas ocasiones? ¿Es que a pesar de todo "algo hay de verdad" en la "ciencia" homeopática? Pues no: lo más probable es que esos aparentes resultados positivos se deban a diversos sesgos que se cuelan en trabajos inadecuadamente diseñados. Curiosamente, la confirmación de esto nos la puede dar el mismo <strong>Klaus Linden, en un estudio publicado en 1999 (Impact of study quality on outcome in placebo-controlled trials of homeopathy. J Clin Epidemiol 1999;52(7):631-6</strong>).<br /><br />En este estudio no se analizó la eficacia de la homeopatía, sino la influencia de la calidad metodológica de los trabajos en la obtención de resultados positivos o negativos. Se estudiaron en total 89 trabajos. Y la conclusión de los investigadores no debe sorprendernos: <em>Concluimos que en el grupo de estudios investigado, hubo una clara evidencia de que los estudios con mejor calidad metodológica tienden a tener menos resultados positivos.</em><br /><br />Por lo menos aquí si tenemos una autentica conclusión: <em>hubo una clara evidencia</em>. En otras palabras, para obtener resultados probatorios de la eficacia de la homeopatía, es de rigor que el estudio esté pobremente diseñado, tenga fallas metodológicas y sesgos varios. Cuando existe un buen diseño experimental, las maravillosas propiedades de los remedios homeopáticos se ocultan pudorosamente.<br /><br />En conclusión, tras tantos años y tantos estudios la homeopatía sigue sin proporcionar una sola prueba definitiva y que se mantenga en pie tras controversia. Lo único que hay son danzas estadísticas en torno a trabajos de calidad muy pobre. Desde Scofield hasta Linden la historia siempre es la misma: los trabajos están mal diseñados, son necesarios trabajos mejores, y así, ad nauseam. Pero estos no se resignan a aparecer.<br /><br />Falta echarle un breve vistazo a las "ciencias básicas" homeopáticas. En 1993, <strong>Walach</strong> publicó un estudio doble ciego en el que se le administro Belladonna 30 CH o placebo a un grupo de 47 voluntarios sanos (<strong>J Psychosom Res 1993;37(8):851-60</strong>). Esto, plenamente dentro del espíritu Hahnemanniano de la "experimentación en el hombre sano". De acuerdo a la teoría homeopática , las peculiaridades energéticas de la Belladonna debían producir unos determinados síntomas al suministrarlos al hombre sano y actuar sobre su energía vital. Al cabo de cuatro semanas, no se encontraron diferencias significativas entre los "síntomas" del grupo que recibió el placebo y el que recibió el fármaco homeopático.<br /><br /><strong><span style="color:#330099;">La evidencia anecdótica</span></strong><br /><br />Aunque sospecho que todavía usted, paciente lector, quizás no está convencido del todo. Después de todo, la respuesta standard de la Homeopatía (y de las demás pseudomedicinas) a esta clase de señalamientos es que se tratan de una pérfida maniobra de la agonizante medicina oficial, ya a punto de derrumbarse definitivamente, y que de ese modo pretende conservar su monopolio de destrucción de la salud.<br /><br />Claro, admitamos que a pesar de que no pueden demostrar científicamente que sus dinamizados curen cualquier cosa, todavía podría ocurrir que la medicina homeopática funcionara. Al fin y al cabo, la ciencia no lo sabe todo (este es otro lugar común).<br /><br />Casi todos hemos tenido alguna oportunidad de charlar con alguien que ha estado en contacto con la medicina homeopática, bien porque ha sido tratado directamente por un homeópata, bien porque conoce a alguien que lo ha sido. Suelen ser individuos entusiastas que rechazan con vigor los perniciosos tratamientos <em>alopáticos</em> (palabra que suele ser de reciente adquisición en su vocabulario) al tiempo que exaltan las virtudes esenciales de la homeopatía (a pesar de desconocerlo todo acerca de ella), como en otra ocasión exaltarán las de la iridología o de la reflexoterapia. Este exultante individuo no cesará de repetir una y otra vez como el mismo o un pariente o algún conocido ha sido exitosamente tratado y curado por la rigurosamente exacta ciencia homeopática tras haber sido víctima de los dolosos manejos de la medicina oficial. Pretender razonar con alguien así es de antemano una labor inútil pues nos encontramos ante un auténtico converso, rendido al mundo de maravillas de la Homeopatía. Pero intentemos sacarle al menos algunas precisiones: entonces empezará a referir tal o cual dolor mal definido, sensaciones de ahogos, catarros, diarreas y cosas por el estilo, junto con mal recordados (o mal interpretados) diagnósticos <em>alopáticos</em>. Y ya nos encontramos ante la carta fuerte de la Homeopatía: la evidencia anecdótica.<br /><br />La principal razón de que mucha gente piense que la Homeopatía funciona (o sea, que realmente cura) son los casos anecdóticos que van de boca en boca, convenientemente embellecidos, revisados y aumentados por cada relator. Por supuesto, a la medicina científica no se le permiten tales expansiones; para ella un caso anecdótico será solo una observación a partir de la cual establecer una hipótesis, pero sin poder presentarlo jamás como la demostración de un hecho (aclaro: me refiero al cuerpo de conocimientos médicos, no a la conducta de algún médico en particular). Pero como los homeópatas se rigen por normas propias no es de esperar que sean tan quisquillosos: renegar de que algún caso aislado constituya una demostración equivaldría a rechazar su única fuente constante de credibilidad externa (la interna por otra parte se basa más en el autoengaño que en otra cosa, aunque también pululan los casos de soberbia intelectual y de ignorancia simple y llana).<br /><br />No negaré que las <em>curaciones</em> homeopáticas abundan. Pero reivindicar que se trate de casos bien documentados ya es algo completamente diferente, y en la absoluta mayoría de los casos la demostración con pruebas irrecusables de que existía previamente una enfermedad y que esta ha desaparecido por la presunta acción de las maravillosas dosis infinitesimales simplemente no existe. Por otro lado, ¿de que curaciones hablamos? Nunca oiremos una historia acerca de una meningitis o de una cirrosis hepática diagnosticadas de modo irrebatible tratadas exitosamente con las gotas milagrosas o con los omnipotentes glóbulos. Y no es porque no exista el remedio en la farmacopea homeopática para trastornos tan radicales; en la <strong>Materia Médica Pediátrica de Guillermo Enrique Rincón</strong> (también editado por la Universidad Central de Venezuela) incluso recomienda el <strong>Pyrogenium</strong> para el <em>paro cardíaco en fiebres sépticas</em>(?), el <strong>Plumbum</strong> <em>para los tumores cerebrales</em> (??), el <strong>Apoccynum cannabium y la Pulsatilla nigricans</strong> para <em>la peritonitis</em> (???) y la <strong>Silicea</strong> para <em>los abscesos pulmonares</em> (????).<br /><br />De lo que si oímos hablar es de <em>exitosas</em> curaciones de enfermedades crónicas, de trastornos psicosomáticos y de muchísimas patologías mal definidas. ¿Y como se producen estas? Sinteticemos:<br /><br />1. <strong>Existen numerosas enfermedades que desaparecen solas, ya que se trata de procesos autolimitados</strong>. Y contra lo que se puede suponer, esto no es cierto solo en relación con los procesos más banales; incluso enfermedades muy serias pueden remitir por si solas siguiendo su curso natural. En este caso entran muchas infecciones virales (pero no exclusivamente ellas). El paciente acude el lunes al perverso alópata y este le recomienda descanso, aspirina y paciencia; el miércoles no se siente mejor y va donde el iluminado homeópata, quién le hace énfasis en la fuerza vital desequilibrada y le receta unas gotas misteriosas, con una etiqueta en latín. El viernes ya está bastante mejor. ¡Otro éxito de la Homeopatía! Pero no, la gripe se le hubiera quitado igual. Aquí si funciona la Vis Medicatrix Naturae, pero las gotas no influyeron para nada en el proceso.<br /><br />2. <strong>Enfermedades crónicas</strong>: en su curso natural muchas enfermedades crónicas presentan periodos alternados de remitencia y de recrudecimiento. El enfermo acude con sus dolores articulares donde el homeópata y este le prescribe Veratrum album. Si no mejora le aumente la <em>potencia</em> del fármaco (se lo indica aún más diluido) y luego le agrega Rhus toxicodendron. Cualquier empeoramiento inicial está ya contemplado, pues la agravación es de esperarse en los primeros diez días de inicio del tratamiento (o como dice Kent, otro de los próceres de la homeopatía: <em>está peor pero se siente mejor</em>). Luego de dar tantas vueltas (este proceso puede durar semanas) finalmente el paciente comienza efectivamente a mejorar. ¿Por el Veratrum? Pues no: lo que ha funcionado aquí ha sido simplemente el curso natural de la enfermedad, el paciente hubiera mejorado igual sin las gotas o los glóbulos, y estos han servido solamente para quitarle ansiedad al paciente, pues siente que está recibiendo algún tratamiento. Para cuando vuelvan los dolores (lo que ocurrirá casi con toda certeza) ya el homeópata tendrá preparada su coartada, a base de invocar algún nuevo efluvio miasmático.<br /><br />3. <strong>Información insuficiente o inadecuada</strong>: muchas presuntas <em>curaciones</em> son únicamente producto de insuficiencias de información; el paciente <em>mejora</em> pero no estamos al tanto de todas las circunstancias que lo hicieron mejorar. Y muchas veces se toman oscuros e incontrolados efectos periféricos por curaciones reales. Un ejemplo: un paciente con una cardiopatía reumática, ulcera gástrica e, incidentalmente, colesterol alto. Le indican Nux vomica y el colesterol regresa a niveles normales. ¡Éxito! Pero no se nos dice si ese paciente cambio sus hábitos nutricionales mientras recibía el milagroso tratamiento, y sobre todo, no se nos dice si ese era precisamente el efecto que se quería lograr. De hecho, la cardiopatía y la úlcera, que eran los auténticos problemas siguieron exactamente igual que antes, y eventualmente deberán ser resueltos por los ignorantes y dogmáticos alópatas.<br /><br />4. En todas está <em>curaciones</em> está implicado el <strong>efecto placebo</strong>. Basta la certeza de estar siendo tratado para que algunos pacientes mejoren, pero <em>estar mejor</em> no es lo mismo que <em>estar curado</em>. Esto puede llegar a ser trágico cuando existe una patología orgánica de base.<br /><br />5. <strong>Enfermedades psicosomáticas o puramente imaginarias, trastornos somatomorfos</strong>. De las enfermedades psicosomáticas y la neurosis hipocondríaca no hay mucho que decir: combinemos el efecto placebo con la compresiva actuación de un médico que escucha, que habla de fuerzas misteriosas y que receta remedios con nombres atractivos y no menos misteriosos y el alivio del paciente será casi inmediato. Ya solo la disminución de la angustia aporta un alivio notable para el paciente. Pero esto no es homeopatía, es psicoterapia, y de nuevo encontramos que ni la manipulación de los trastornos de la fuerza vital ni las altas diluciones tienen nada que ver con la mejoría.<br /><br />6. Peor es cuando se trata de <strong>enfermedades inexistentes</strong>: con mucha frecuencia todo se inicia con un diagnóstico <em>alopático</em> mal comprendido, o hasta con un <em>no diagnóstico</em>. El paciente acude donde el alópata con un trastorno mal definido o trivial y este le dice que no tiene nada. Acude luego donde el homeópata y este le encuentra síntomas predominantes de enfermo psórico: ansiedad, inhibición, aversión por el aire libre, prurito, etcétera. Luego le va descubriendo otros síntomas por el estilo, como aversión a las grasas y al pan, constipación eventual, dolores de cabeza producidos por el calor y <em>gran eretismo sexual, que impele a vicios secretos</em>. Lo determinante aquí es que la <em>ciencia</em> homeopática ha logrado el milagro, mediante malabarismos puramente verbales, de crear una enfermedad de consideración donde antes no había ninguna, por un efecto de bola de nieve. Ahora el paciente si está seguro de estar enfermo. Pero llega la Homeopatía al rescate y le indica (pongamos por ejemplo) Lachesis trigonocephalus o Lycopodium clavatus. Mejoría inmediata o tras algunos ajustes de dosis y nuevo éxito, merecedor de ser escrito con caracteres de oro en el frontispicio del Templo Homeopático, y los consabidos denuestos hacia la medicina oficial. Lo único de lamentar es que el paciente no haya estado enfermo antes de curarse.<br /><br />¿Y que hay cuando el enfermo, después de ser tratado causalmente de sus males mediante la manipulación de la <em>Fuerza Vital</em>, no mejora, recae o fallece? Para esto también la Homeopatía tiene respuestas (<strong>coartadas</strong>). Se puede invocar:<br /><br />a) El cambio miasmático.<br />b) Errores en la prescripción al no considerar todos los síntomas del paciente (quizás al paciente se le olvido referir que es <em>mentalmente excitable durante el sufrimiento de su vientre; fácilmente irritable por las crisis de cólicos; descontento consigo mismo debido a sus males; aversión al movimiento; odio a la gente; bebedores cansados; hipocondríacos; predice la muerte dentro de una semana.</em>.. lo que hubiera hecho apremiante la indicación de Aloe socotrina).<br />c) Contaminación del medicamento por <em>transferencia energética medicamentosa</em> (al parecer, también existe tal cosa).<br />d) La falsa curación por "supresión mórbida", que puede ocurrir hasta por <em>...aplicaciones de unturas en la superficie del cuerpo por alguna manifestación que aparezca en el curso del tratamiento homeopático</em>.<br /><br />La casi común creencia de que la Homeopatía sirve de algo se basa en estas miserias testimoniales y metodológicas. No hay homeópata que no enarbole sus casos dudosos como prueba de la veracidad de sus asertos, pero puesto en la disyuntiva de demostrar de acuerdo al método científico que su ciencia en realidad tiene alguna base no atinará sino a dar subterfugios y evasivas, adobadas con uno que otro estudio viciado e imposible de reproducir. En doscientos años han tenido tiempo más que suficiente para superar esto y dar pruebas satisfactorias e irrebatibles de que en verdad pueden curar alguna enfermedad. ¿Por qué no lo han hecho? Pues bien, la razón es una sola: porque la Homeopatía simple y llanamente no funciona.Manolo_elmashttp://www.blogger.com/profile/07285531799392419250noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-27740239.post-1164832945917963302006-11-29T21:36:00.000+01:002006-11-29T23:01:03.210+01:00Bases científicas de la homeopatía (JG1)<em><span style="color:#ff6600;">Buscando buscandito, me he topado en Internet con una página web, ya extinta, de un tal Javier Garrido, en la que se exponen diversas cuestiones sobre esta pseudomedicina, algunas ya requetecontrastadas y requetecitadas en este y en otros blogs sobre el tema, y otras no tanto, algunas anécdotas o ciertos puntos de vista interesantes. Así, aunque pueda parecer una redundancia, y sin pedirle permiso al autor, puesto que -como su web- ha desaparecido de Internet, me permito reproducir aquí algunos de sus artículos sobre el tema. Los he señalado como JG1, JG2 y JG3.</span></em><br /><br /><strong><span style="color:#330099;">La "Ley" de las Semejanzas</span></strong><br /><br />Si bien el Dinamismo Mórbido es el que proporciona las bases fisiopatológicas y etiopatogénicas (por llamarlas de alguna forma) de la Homeopatía, lo correcto es comenzar hablando de la Ley de la Semejanza. Al fin y al cabo con esa ley fue que con la que empezó Hahnemann a construir su sistema (y no nos corresponde a nosotros poner en duda Su Sabiduría). No está de más recordar nuevamente como ocurrió: <em>Al traducir del inglés la Materia Médica de Cullen, observa las hipótesis contradictorias sobre la acción de la quina, luego constata que la administración reiterada de quina coincide en la sintomatología con la de aquellos enfermos que cura</em> (<strong>Barros-St. Pasteur</strong>).<br /><br />Por supuesto, la Ley de la Semejanza no constituía ninguna novedad en terapéutica médica. Por lo demás, esta "ley" no es otra cosa que una burda racionalización del <em>razonamiento por analogía</em>, propio del pensamiento mágico. Esto es particularmente visible en Paracelso, quien incluía en su terapéutica las signaturas; por ejemplo, para tratar enfermedades de los genitales masculinos es preciso utilizar bulbos de ortiga que tienen forma de testículos.<br /><br />En la Homeopatía, la Ley de la Semejanza se emplea administrando un medicamento capaz de provocar en el hombre sano un estado similar en su sintomatología al que se va a tratar en el enfermo.<br /><br />Hahnemann precisa la Ley de la Similitud en su obra fundamental, el "<strong>Organón de la Medicina Racional</strong>", publicada en 1810:<br /><br />1.- Toda sustancia activa farmacológicamente, provoca en el individuo sano y sensible un conjunto de síntomas característicos de dicha sustancia.<br />2.- Todo individuo enfermo presenta un conjunto de síntomas que caracterizan a su enfermedad.<br />3.- La curación se puede obtener mediante la administración de una pequeña cantidad de la sustancia cuyos efectos sean similares a los de la enfermedad.<br /><br />Lo que existe aquí es una mezcolanza de observaciones válidas (aunque mal interpretadas) con opiniones y conclusiones gratuitas. Es cierto (y hasta obvio) que una sustancia farmacológicamente activa administrada a un individuo sano provocará un conjunto de síntomas, aunque estos no necesariamente serán "característicos" de dicha sustancia (otras sustancias pueden producir síntomas similares). Esto no tiene nada de misterioso: administrémosle a una individuo sano semillas de Strychnos nux vomica (nuez vómica) y lo veremos presentar espasmos incontrolables o la muerte si la cantidad es suficiente. Pero sabemos porqué: es por la estricnina que contiene. La belladona produce síntomas de intoxicación atropínica, pero lo mismo ocurre con el beleño negro y el estramonio, y también conocemos la causa: es por los alcaloides de la atropina que se encuentran en esas plantas. Nada costaría alargar la lista hasta el hartazgo o la nausea. Prácticamente no existe sustancia natural o artificial que no pueda producir manifestaciones de toxicidad en un individuo sano si se administra en dosis suficiente, pero la razón de que esto ocurra no tiene nada que ver con energías esotéricas. Por otra parte, decir que todo individuo enfermo presenta un conjunto de síntomas que caracterizan a su enfermedad es un abuso, si se asume literalmente, pues existen enfermedades muy diferentes que pueden provocar síntomas similares: por ejemplo, existen decenas de enfermedades que pueden ocasionar fiebre prolongada, desde cuadros virales hasta enfermedades neoplásicas o autoinmunes; caquexia, fiebre y tos las puede producir tanto una tuberculosis como un cáncer del pulmón. Los <strong>signos y síntomas patognomónicos</strong> (exclusivos de una determinada enfermedad) son rarísimos en la práctica médica. Por eso es que la medicina científica reúne las patologías en cuadros sindromáticos, o sea, conjuntos de síntomas y signos que pueden deberse a diversas causas. Solo que para la Homeopatía esa multiplicidad de causas no existe (como veremos más adelante) lo que la lleva a una absoluta dependencia del cuadro sintomatológico del paciente, sin preocuparse de la etiología de la enfermedad (el primero en despreocuparse de la etiología fue el mismo Hahnemann, como lo expresa en este profundo pensamiento: <em>"no hay necesidad de atascarse en argumentos metafísicos o escolásticos acerca de la insondable causa primera de la enfermedad, ese caballo de batalla del racionalista</em>").<br /><br />De hecho, los Repertorios Homeopáticos lo que hacen es clasificar y agrupar los síntomas y sus modalidades de acuerdo a un plan establecido, colocando junto a cada síntoma el medicamento que le corresponde o viceversa. Tales Vademécumes no excluyen lo pintoresco: podemos leer por ejemplo que Tarentula hispanica está indicada en <em>Trastornos nerviosos con agitación intensa. Ansiedad, violencia, asociados a debilidad general e hiperexcitabilidad genital. No puede descansar tranquilo. Deseo de correr, bailar, saltar. Corea con movimientos violentos. Cefalalgia, ojos brillantes y muy abiertos, sofocación, palpitaciones, hemicránea, histeria, parálisis agitante, manía violenta con incremento de la fuerza, delirio erótico</em>.<br /><br />La absoluta primacía que la Homeopatía concede a los síntomas se debe al abuso de la Ley de la Semejanza, lo que ha dado lugar a una complicadísima jerarquización que nada tiene que envidiar a los doscientos tipos de pulso del Min King. Así, los síntomas se clasifican según su grado, su cronología, su jerarquía, su frecuencia, su prescripción y sus modalidades. Y cada una de estas clases tiene a menudo varias subdivisiones, y cada una de estas otras más. Con semejante detallismo no es de extrañar que en la <em>semiología</em> homeopática se encuentren a menudo síntomas tan delirantes (y divertidos) como <em>el hipo en la mañana, después de tomar bebidas calientes; a menudo con nauseas, desfallecimiento y sed intensa</em>, la <em>expectoración espumosa, como agua de jabón, verdosa y salada</em> o <em>los vértigos viajando en barco o tren o descendiendo en ascensor</em>.<br /><br />De estas bases partió Hahnemann para dar, sin justificación lógica o experimental alguna, el gran salto al <strong>Simillia Simillibus Curantur</strong>. Un salto no precisamente hacia el futuro, sino en dirección el pasado (y es en esa misma dirección se han precipitado a seguirlo todos sus discípulos).<br /><br />Volvamos atrás y recordemos una vez más el archifamoso <em>experimento</em> de la quina. Hahnemann observa primero que la quina cura las <em>fiebres</em>, luego observa que al tomar quina él mismo por varios días presenta un cuadro febril que le parece similar. Conclusión: la quina cura las fiebres debido a que puede producir fiebres. Pero no hay nada que justifique esta conclusión. Por supuesto, hay cosas que Hahnemann no podía saber: para empezar, que la quina no cura las "fiebres", sino muy específicamente la malaria; pero para la época de Hahnemann la fiebre se consideraba una enfermedad <em>per se</em>, y el Plasmodium no sería descubierto sino hasta 1880 por Laveran (queda perdonado Hahnemann, pero no sus discípulos que hayan nacido después de 1880). En segundo lugar, lo que estaba experimentando era, en todo caso, los efectos tóxicos de la quina. El hecho comprobado es que la quina cura la malaria (no las "fiebres") porque erradica el Plasmodium por la acción de la quinina, uno de sus alcaloides, y no precisamente por su toxicidad sobre el huésped (lo que en todo caso no constituye sino un efecto colateral indeseable). Y ya que sabemos que y como cura la quina, ¿qué queda de la conclusión de Hahnemann? La falacia lógica del razonamiento homeopático es que pretende establecer una conexión causal cuando lo único que hay es una correlación espuria entre dos hechos independientes.<br /><br />¿Hay alguna realidad concreta tras la Ley de la Semejanza? Mucho me temo que no. Es simplemente algo en lo que hay que creer como en un acto de fe, una proposición indemostrable y sobre todo, contraria a la experiencia. Indudablemente, esto estaba bien para los tiempos de Hipócrates y Paracelso, pero ya es menos excusable en los de Hahnemann. Al fin y al cabo, ¿de qué se trata? Traigamos una idea del siglo V antes de Cristo, citando a Hipócrates como supuesta autoridad, luego modifiquemos en algo las groseras signaturas de Paracelso para hacerlas más presentables y ya estamos listos. El gran progreso de la Homeopatía está en que en lugar de usar el parecido exterior de la fuente de donde se va a sacar el medicamento (los bulbos de ortiga, etcétera), utiliza el parecido de los efectos tóxicos que produce al ingerirlo. O sea, las signaturas actualizadas.<br /><br />Si la Ley de las Semejanzas funciona ¿por qué no curar la demencia intoxicando al paciente con plomo? Por supuesto, conocemos la fisiopatología de la intoxicación por metales pesados y también sabemos que no hay nada en esa fisiopatología que nos haga sospechar que pueda curar la demencia. Pero de acuerdo a la Ley de la Semejanza debería funcionar ¿o no? ¡Ah! Pero es que debemos administrar el plomo en dosis dinamizadas e infinitesimales (de eso hablaremos después). Los fármacos hipotensores deberían ser excelentes para tratar los estados de hipotensión y shock (¡vaya oportunidad perdida para la medicina de urgencia!) y los baños helados para la hipotermia (y las saunas para la fiebre). Nada mejor que las inhalaciones de humo para el asma y la bronquitis crónica, y las dosis masivas de azúcar para los diabéticos.<br />No sé por que, pero todo esto me recuerda aquella historia sobre el ungüento que se aplicaba sobre la espada ofensora en lugar de colocarlo en la herida. Quizás sea porque las <em>bases científicas</em> de ambas terapéuticas son las mismas.<br /><br /><a href="http://web.archive.org/web/20020220220342/" name="dinamismo"></a><strong><span style="color:#330099;">La Energía Vital y el Dinamismo Mórbido</span></strong><br /><br />Todo el legado <em>fisiopatológico y etiopatogénico</em> que les dejó Hahnemann a sus acólitos se halla en estos dos conceptos. Ya vimos que a Hahnemann no le interesaba la etiología de la enfermedad; para su <em>fisiopatología</em> apenas si pudo sacar a flote viejos conceptos vitalistas que se venían arrastrando desde los siglos anteriores y que quedarían pronto sepultados por el desarrollo de la fisiología en el siglo XIX (para ser resucitados en el siglo XX por los devotos de la "Nueva Era").<br /><br />Antes que nada aceptémoslo: la idea de una Fuerza Misteriosa que nos anima es de por sí atractiva, especialmente para individuos con escasa formación científica o espíritu crítico atrofiado. Se asocia con facilidad a conceptos tales como <em>alma, cuerpo etéreo, cuerpo astral, bioenergía</em>, y afines. Y es más fácil de captar que las abstrusidades de los fisiólogos experimentales, empeñados en explicar que tal o cual función celular no depende de entes intangibles sino de precisas interacciones de enzimas, iones, ácidos nucleicos, aminoácidos y fosfatos de alta energía. Pero oigamos al Maestro:<br /><br /><em>En el estado de salud, la fuerza vital autocrática que dinámicamente anima al cuerpo material, gobierna con poder ilimitado y conserva todas las partes del organismo en admirable y armoniosa operación vital, tanto respecto a las sensaciones como a las funciones, de modo que el espíritu dotado de razón que reside en nosotros, puede emplear libremente estos instrumentos vivos y sanos para los más altos fines de nuestra existencia</em>. <strong>Organon, Paragrafo 9</strong>.<br /><br />En resumen, existe una Fuerza Vital, y para colmo autocrática, que nos mantiene operando admirable y armoniosamente. Lamentablemente, esto no es ciencia, sino metafísica (en el mal sentido de la palabra). Y <strong>Barros-St. Pasteur</strong> riza el rizo cuando nos informa que <em>La física subatómica es la responsable de la información que pueda suministrar a la medicina en conexión con la calidad de esta energía que permite la vida, la energía responsable de las transformaciones bioquímicas. Hay indicios bien fundados de una calidad de energía que es capaz de suscitar la reacción energética con modificaciones dinámicas en el terreno, las cuales pueden ser evidenciadas</em>. Responsabilidad que ignoro si la física subatómica ha asumido con agrado.<br /><br />Cuando se encuentra uno ante esta clase de argumentos quizás lo más adecuado sea callar, pues ya no estamos en el campo de la ciencia sino en el de la religión, y en la religión las cosas se creen merced a un acto de fe. Pero es Barros-St. Pasteur quien mete a la física en la arena de lucha, por lo que es conveniente hacer algunas precisiones. Para empezar nadie niega que en un organismo vivo existan y se transformen ingentes cantidades de energía; de hecho, cuando se produce la falla de esa maquinaria energética la muerte es inevitable. La energía química de los alimentos se degrada en energía calórica y en el ínterin produce trabajo, incluyendo el necesario para mantener la integridad celular. Las células tienen sus propias centrales energéticas: las mitocondrias. Algo muy diferente es postular una entidad fantasmal, incorpórea y energética (aparte de autocrática) que nos anima. ¿Se puede probar que no existe? Difícilmente; como tampoco se puede "probar" que los ángeles no existen o que el Sai Baba no es la encarnación de Vishnu. Simplemente son conceptos que no tienen nada que ver con la ciencia. Lo que sí se puede probar es que a cierto nivel su acción es negligible. Desde el siglo pasado la Fisiología y la Bioquímica se han desarrollado a un ritmo cada vez más acelerado, pero todavía no se han topado con ninguna fuerza misteriosa y autocrática, ni a tenido que apelar a razonamientos tan especiosos como los de los homeópatas para explicar sus "hallazgos". Y se han encontrado respuestas a los misterios de la fisiología incluso hasta el nivel molecular, prescindiendo con serenidad de apelar a energías oscuras. El problema es que los conocimientos fisiológicos de los homeópatas sigue estando al mismo nivel que los de Hahnemann, dos siglos atrás. Por cierto, ¿y qué tiene que ver en todo esto la física subatómica?<br /><br />Pero ¿a qué viene todo esto? ¿Por qué hacer tanto énfasis en conceptos tan imponderables e intangibles como la Fuerza Vital? Pues bien, porque aunque parezca increíble la única base <em>fisiopatológica</em> de la Homeopatía es la Fuerza Vital, ya que las enfermedades son debidas a sus alteraciones.<br /><br /><em>La energía vital, al sufrir el influjo de los estímulos dinámicos perjudiciales, se modifica; entonces el terreno ya no manifiesta el estado de salud sino el de enfermedad, son los miasmas, es la expresión adaptativa para buscar el equilibrio con el todo</em> (<strong>Barros-St.Pasteur</strong>).<br /><br />Como podemos ver, ya no tenemos una sola fuerza misteriosa actuando; también tenemos otras fuerzas no menos misteriosas ("estímulos dinámicos") actuando sobre la energía vital. Lo que no se nos dice es si estas fuerzas nocivas son también autocráticas. La alteración de la "fuerza vital" no es otra cosa que el Dinamismo Mórbido, que es propio de cada paciente, y de esa alteración salen los miasmas. Desde siempre los miasmas han sido una suerte de efluvios o emanaciones nocivas procedentes del agua o la tierra, pero los modernos homeópatas, por pudor, han optado por disfrazarlos de <em>una predisposición congénita o adquirida ... en virtud de la cual se producen alteraciones múltiples en la forma pero únicas en la esencia</em>.<br /><br />Es muy natural de que de cara al público los homeópatas prefieran no referirse demasiado a los miasmas (a pesar de lo importantes que son en su teoría). Estos miasmas presentan características extrañas (y otra vez contrarias a la experiencia) ya que son a la vez heredables, latentes, contagiosos e inducibles (la "energía vital" de otros seres vivos puede alterar la del hombre). En su afán simplificador Hahnemann describió <strong>tres tipos de Miasmas</strong>, de los cuales el Psórico es el fundamental, siendo los otros dos el productivo y el destructivo (pero esta es la terminología moderna; para Hahnemann <strong>el miasma productivo era el</strong> <strong>sicósico</strong> <strong>el condiloma y</strong> <strong>el destructivo la sífilis</strong>; dicho sea de paso, la psora no es otra cosa que la sarna).<br /><br />Para los homeópatas, toda la patología humana puede explicarse por la acción de estos tres miasmas sobre la fuerza vital, aunque con mas frecuencia el miasma es la misma fuerza vital alterada (y entonces no se sabe que fue lo que la alteró en principio, pero ya dijimos antes que a Hahnemann le despreocupaba la etiología). Esta tendencia a reducir a la unicausalidad la complejidad fisiopatológica y etiopatogénica de la enfermedad es característica de los sistemas de patología general que campearon en el siglo XVIII y penetraron hasta el XIX (otro de ellos fue la ya mencionada <strong>medicina fisiológica de Broussais</strong>).<br /><br />No creo que sea necesario insistir sobre las falacias de esta <em>fisiopatología</em>. Para empezar ignora todo el cuerpo de conocimientos adquiridos desde 1796 hasta la época, empezando por la teoría microbiana. Se aprovecha de conceptos de la inmunología moderna (estas es una de las <em>actualizaciones</em> de la teoría) pero pasa por alto que conocemos bastante bien como funcionan los anticuerpos y cada vez mejor la inmunidad celular y en nada de ello existe evidencia de la menor acción de <em>energías</em> ocultas (y de paso, autocráticas). Y para terminar, no hay forma de demostrar la existencia de tales miasmas (a menos que, con contorsiones lingüísticas los transformemos en las consabidas <em>predisposiciones congénitas o adquiridas</em>).<br /><br />Sin duda a los homeópatas les encantaría poder deshacerse del pesado fárrago de los miasmas. Pero el problema es que su absurda terapéutica les exige mantenerlos, ya que se basa en la corrección mediante los compuestos energéticos adecuados de la <em>Fuerza Vital</em> alterada. Aquí prefiero tomar a Barros-St. Pasteur como testigo (pagina 46):<br /><br /><em>Las diluciones dinamizadas que se emplean en la experimentación van desde la 3° potencia decimal a la 30, 200 y 1000 potencias centesimales. El tiempo de duración del programa es variable, hay pacientes que reaccionan rápidamente al medicamento y otros que tardan semana en comenzar a dar síntomas. Cada médico mantiene un cuidadoso control diario de cada uno de los experimentados de su grupo. Terminada la experimentación, el director recibe los protocolos y selecciona y jerarquiza los síntomas obtenidos; se realiza así la patogenesia del medicamento</em>.<br /><br />Respecto a la <em>experimentación pura</em> podemos hacer varias observaciones. Comencemos con lo obvio: si administramos los medicamentos en forma pura, y a dosis suficiente, lo que vamos a observar son los efectos tóxicos del mismo, suficientemente estudiados y aclarados por la farmacología y la toxicología; las alteraciones de la Fuerza Vital no tienen nada que ver. Quien lo dude no tiene más que hojear cualquier manual toxicológico actualizado (en lugar de estar experimentando, los homeópatas bien podrían dedicarse a leer esos manuales, ya que en ellos los efectos de las sustancias aparecen mucho mejor descritos que en sus textos). Y algo mucho menos obvio: ¿qué ocurre cuando se administra la droga diluida, digamos, a la trigésima potencia? Los efectos tóxicos no deben aparecer, por supuesto, ya que a altas diluciones como la mencionada ya no queda en la "solución" nada del componente activo inicial (hablaremos de eso más tarde).<br /><br />Entonces ¿apareció por fin la alteración de la Fuerza Vital? No tan rápido: recordemos primero que las manifestaciones pueden demorar semanas en hacerse presentes, y aquí está la falla del método. Si se espera el tiempo suficiente, siempre los sujetos acabarán por tener algo, así sea un cambio de humor, un forúnculo, un dolor en el costado, un resfrío, un súbito interés hacia las publicaciones pornográficas, una migraña o un ataque de furia, elementos todos preeminentes dentro de la práctica homeopática. ¿Debidos, sin duda, a la alteración de la Fuerza Vital por los poderosos dinamizados? Pues no, debidos al puro azar.<br /><br />Propongo al lector el siguiente experimento: tómese quince gotas de agua destilada en ayunas diariamente durante un par de semanas y anote los <em>síntomas</em> que le van apareciendo. Quedará asombrado.<br /><br />Por supuesto, no existe revista científica que se respete que publique trabajos semejantes (me imagino que las revistas homeopáticas sí lo hacen). Y los acólitos de Hahnemann siguen todavía exaltándolo por su gran logro de la <em>experimentación pura</em>.<br /><br />En cuanto a los homeópatas modernos, no tienen tantos problemas. Para eso tienen a mano el Repertorio de Kent, que contiene 1455 páginas de síntomas y medicamentos. ¿Para qué van a necesitar más <em>experimentación pura</em>?<br /><br />En realidad no es tan fácil, pues todo esto se haya envuelto en un complejo ritual que intentaré explicar lo mejor posible en pocas palabras. Para empezar, debe tenerse a mano un compuesto de gran pureza (cuando el producto es de origen vegetal o animal se habla de <strong>tintura madre</strong>, cuando es mineral son simplemente soluciones) y unos vehículos también de gran pureza (por lo general agua bidestilada o alcohol rectificado, pero también se usa la lactosa). El proceso de dilución consiste en disolver una parte del compuesto en un numero determinado de partes de solvente, por ejemplo, 1 ml de compuesto por 9 ml de solvente (serie decimal) o 1 ml de solvente en 99 de solvente (serie centesimal). Existen otras series, como la cincuentamilesimal, pero podemos obviarlas. En el primer caso tendríamos una dilución 1DH (decimal de Hering) y en el segundo una dilución 1CH (centesimal Hahnemanniana). Pero aquí no termina todo. De estos nuevos preparados se toma a su vez 1 ml y se disuelven en 9 ó 99 ml de solvente, y de estos otro mililitro y se vuelve a diluir, siguiendo siempre el mismo patrón, y se repite el procedimiento una y otra vez, ad nauseam, hasta que se obtiene la dilución buscada, que puede llegar hasta los 1000 CH o más. Cualquier ignorante podría aducir en este momento que tras tantas diluciones lo que estamos haciendo al final no es otra cosa que jugar con agua virtualmente pura (o alcohol, si tal es el caso), y que de soluto no debe quedar prácticamente nada. A lo que los homeópatas responderán: la acción de los medicamentos homeopáticos no es farmacológica, sino energética. Y aquí es donde interviene la perspicacia de Samuel Christian: las diluciones no se hacen así como así, hay que dinamizarlas.<br /><br /><strong>La dinamización</strong> permite que el medicamento se comporte en el organismo de tal modo que no produzca los efectos de su acción farmacológica, sino el efecto de reacción del organismo al estímulo energético que actúa de acuerdo a la Ley de la Semejanza. Y la energía del medicamento se incrementa a medida que este se dinamiza. ¿De que clase de energía estamos hablando? Bueno, eso no está muy bien definido, pero quizás la siguiente cita (tomada también de Barros-St. Pasteur) pueda proporcionarnos alguna luz al respecto:<br /><br /><em>Toda sustancia que vibra provoca movimientos vibratorios en resonancia con el éter ambiente. El éter está constituido por corpúsculos de una tenuidad extrema, que puede recibir o transmitir cada uno, una cantidad de energía limitada, conocida bajo el nombre de Constante de Planck, cuya unidad de energía es el quantum, h = 6,55 x 10-27.</em><br /><br />Lo que indudablemente suena impresionante, a pesar de que la idea de ese éter constituido por corpúsculos intangibles fuese desechada por los físicos desde principios del siglo XX. Y si somos benévolos deberemos tomar la mención de la Constante de Planck por una pura metáfora.<br /><br />¿Y como se produce en la práctica la dinamización? Pues puede hacerse <strong>por sucusión</strong>, cuando estamos manipulando líquidos, o <strong>por trituración</strong>, cuando se trata de sólidos. La sucusión consiste sacudir o agitar la dilución un número determinado de veces durante un tiempo determinado y a una temperatura fija; esto le comunica al medicamento homeopático sus terribles poderes. La imagen de un homeópata encerrado en la soledad de su gabinete, sacudiendo rítmicamente un frasco sin duda merecería la más entusiasta aprobación de un shaman siberiano o de una alquimista medieval (aquí solo faltaría que se salmodiara un conjuro, pero el Maestro al parecer no lo consideró indispensable). Desafortunadamente, ya este aspecto pintoresco de la Homeopatía va desapareciendo: existe toda una poderosa industria farmacéutica homeopática que no puede darse el lujo de perder el tiempo sacudiendo los frasquitos a mano y que emplea maquinaria especial para garantizar sacudidas más económicas y efectivas.<br /><br />Resumamos el procedimiento: diluyamos una sustancia en forma geométrica y en pasos sucesivos, agitando el frasco en cada paso, y obtendremos un preparado con ciertas propiedades energéticas, que es capaz de inducir en el hombre sano unos determinados síntomas. La potencia del medicamento se incrementa con cada dilución y con cada sacudida. Lo que nos están queriendo decir con todo esto es que si diluimos una sustancia veremos que primero va disminuyendo su toxicidad (si inicialmente era tóxica); luego, a medida que avanzamos en el proceso, observamos que parte de sus propiedades comienzan a reaparecer, pero no farmacológicamente (a diluciones altas, digamos a 100 CH, ya no queda ninguna molécula del soluto inicial en el solvente) sino porque le ha trasmitido una cierta calidad energética al medio. Por supuesto, la química ordinaria no conoce ninguna sustancia que presente un comportamiento tan peculiar. ¿Y que tipo de energía es? Agitando el frasco lo que logramos es aumentar la energía cinética de las moléculas contenidas en él, y al final quizás pudiéramos verificar un ligero aumento de la temperatura de la solución, que se disiparía casi enseguida al exterior. Pretender una acción diferente a nivel subatómico es una necedad: la energía requerida para actuar a ese nivel no se la proporcionaremos al sistema por mucho que nos empeñemos en sacudir el frasco (a menos que lo coloquemos en un acelerador de partículas, pero dudo mucho que tal idea pueda funcionar).<br /><br />¿De donde sale, al fin y al cabo, la <em>energía</em> que supuestamente le estamos comunicando a nuestro medicamento? Cuando el procedimiento se hace a mano, de un solo lugar: de la organismo del individuo que lo está preparando. La energía química (obtenida de los alimentos), en forma de fosfatos de alta energía, es empleada en producir movimiento muscular (una parte se disipa como calor); los movimientos musculares le transmiten una determinada energía cinética a las moléculas de la solución. La velocidad de las moléculas aumenta, chocan entre si y la temperatura del líquido aumenta; finalmente ese calor termina por disiparse al medio. Aquí han funcionado dos conocidísimos principios de la termodinámica: que la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma; y que la entropía de un sistema siempre tiende a aumentar. La energía química del audaz homeópata se ha convertido en calor disperso e inutilizable. ¿Qué quedó en la solución? Desde el punto de vista físico, nada. A menos que empecemos a hablar de vibraciones etéreas e incognoscibles para la ciencia, lo que constituye una abierta falta de seriedad.<br /><br />¿Y como se <em>fija</em> esa energía innominada en el solvente? Nadie lo sabe con certeza, pero se han invocado (sin el menor apoyo experimental) alteraciones en la estructura molecular del solvente para explicar esa especie de memoria del agua. Ciertas características del soluto quedan impresas en el solvente y los golpecitos contribuirían suministrando la energía necesaria. ¿Ciertas o todas? No se sabe por que, pero al parecer solo se fijan las cualidades curativas, pero no la toxicidad. Una preparación 300 CH de Nux vomica debería ser mortal tras tantas dinamizaciones, si recordamos las propiedades de la estricnina en el hombre sano, pero eso no ocurre nunca. Y ni hablar del poder energético de preparaciones como 1000 CH o 3000 CH. Que la toxicidad debería incrementarse a altas diluciones es una consecuencia lógica de la descabellada teoría homeopática, pero los homeópatas optan por ignorarlo. ¿Porqué una dilución 1000 CH de alcohol metílico preparada en agua bidestilada no arde? Debería hacerlo, pues a través de la dinamización el alcohol le ha transmitido sus "peculiaridades energéticas" al agua, y suponer que las energías implicadas en la dinamización solo funcionan en el ser humano no pasa de ser una excusa ad hoc. Haga el experimento, si quiere y tiene la paciencia. Y yo ya empiezo a perderla.<br /><br />De la <strong>Ley de la Individualización</strong> se deriva el último hecho descubierto por Hahnemann: el <strong>Remedio Único por vez o Unitas Remedii</strong> (sería digno de estudiarse si el uso del latín también contribuye a la eficacia homeopática). Esta es la otra ley más frecuentemente infringida por los homeópatas. Implica simplemente que debe administrarse un único medicamento, en base a su patogenesia, e individualizado de acuerdo al paciente, salvo casos excepcionales. Ya en vida de Hahnemann surgió una corriente hacia la polifarmacia, que fue enérgicamente combatida por este. Pero hoy en día son muchos los homeópatas que no se pliegan a la ortodoxia unicista y prescriben alegremente dos o tres dinamizados juntos (por no hablar de los que combinan la homeopatía con acupuntura o la reflexoterapia). No salimos de nuestro espanto de tan solo pensar los efectos puede traer la conjunción de tantas energías terribles y misteriosas.<br />No me considero capacitado para determinar sí es beneficioso o no administrar simultáneamente dos o más preparados de agua destilada pura con diferentes nombres en latín, de modo que dejaré solos a los homeópatas con su polémica.<br /><br /><strong><span style="color:#330099;">Aplicando la navaja de Occam</span></strong><br /><br />Para ver que queda en pie después de esta somera descripción de las bases <em>científicas</em> de la Homeopatía, nada mejor que aplicar el principio lógico conocido por navaja de Occam, y que en pocas palabras consiste en eliminar todo lo innecesario (esta es una de las interpretaciones que se le dan). Aunque tratándose de la Homeopatía, quizás sea más adecuado expresarlo en latín: <em>Pluralitas non est ponenda sine neccesitate</em>. Guillermo de Occam fue un franciscano ingles, padre del nominalismo, aunque en su tiempo quizás haya sido más notorio por sus incendiarias ideas políticas.<br /><br /><span style="color:#cc0000;">Ley de la Semejanza</span>: ¿tiene alguna base empírica, ya sea fisiológica, fisiopatológica, bioquímica, física o farmacológica? No. ¿Existe algún mecanismo racional que la explique? No. ¿Existe alguna técnica terapéutica, basada en esta ley, que funcione y que haya sido demostrada satisfactoriamente de acuerdo a los pasos del método científico? No. ¿Podemos prescindir de ella para explicar la forma en que funcionan todas las terapéuticas efectivas conocidas? Sí. Queda únicamente un postulado exigido por la fe (de los homeópatas) pero incognoscible para la razón. Como base <em>científica</em> podemos eliminarla.<br /><br /><span style="color:#cc0000;">Energía vital</span>: ¿existe alguna evidencia de que una fuerza intangible domine y anime nuestros procesos bioquímicos y fisiológicos? No. La fisiología y la bioquímica han avanzado los últimos doscientos años más que en toda la historia previa de la Humanidad prescindiendo de tales tenuidades metafísicas. ¿Es una hipótesis necesaria para explicar algún aspecto de la fisiología humana? No. ¿Corresponde a alguna de las fuerzas conocidas y estudiadas por la física, o tiene relación con alguna de ellas? No. ¿Podemos prescindir de ella sin que las bases de nuestros conocimientos se resientan? Sí. Otro postulado de fe.<br /><br /><span style="color:#cc0000;">Miasmas, dinamismo mórbido</span>: ¿tienen algún lugar en la fisiopatología o la etiopatogenia conocida y demostrada de las enfermedades? No. ¿Existe alguna prueba bien contrastada de que las enfermedades son alteraciones energéticas? No. ¿Existe alguna teoría física que explique que son esas energías? No. ¿Podemos explicar el fenómeno <em>enfermedad</em> sin apelar a tales fuerzas oscuras? Sí, y con éxito más que notable. ¿Qué queda? Otra opinión gratuita.<br /><br /><span style="color:#cc0000;">Investigación de la patogenesia</span>: ¿aporta algún conocimiento nuevo que de base o pruebe algún aspecto de la teoría homeopática? No. Para que la investigación de la patogenesia tenga algún valor debe asumirse previamente que la Ley de la Semejanza es realmente una ley, que las enfermedades son alteraciones energéticas y que los dinamizados realmente son portadores de energías innominadas.<br /><br /><span style="color:#cc0000;">La dinamización</span>: conforme a conocimientos actuales de la química, ¿existe algún compuesto cuya reactividad se incremente a medida que su concentración disminuye o se hace cero en un solvente determinado? No. ¿Existe evidencia de alguna acción, energética o de otro tipo, a nivel subatómico lograda mediante la agitación de un frasco? No. La teoría física moderna, incluyendo la mecánica cuántica, ¿tiene lugar para un efecto semejante? No. ¿Existe algún modelo que justifique la pretendida <em>memoria del agua</em>? No. ¿Existe alguna prueba reproducible que la justifique? No. ¿Existe algún fenómeno físico o químico que presente propiedades tan extraordinarias como estas, fuera, por supuesto, de la medicina homeopática? No. ¿Pueden prescindir la ciencia de tales especulaciones sin base y sin correlato empírico? Sí. ¿Puede prescindir de ellas la Homeopatía? No.<br /><br />En esta última pregunta está la raíz del problema. La Homeopatía nace en 1796, producto de las especulaciones de Samuel Christian Hahnemann. Nace, como Minerva, armada de pies a cabeza, definida en prácticamente todos sus detalles. Un caso semejante no conoce parangón en la ciencia, y en especial en la moderna medicina científica, adicta a lo cambiante, a la controversia y a la discusión. Los homeópatas han optado por congelarse en esa fecha mágica, ignorando voluntariamente dos siglos de evolución en el conocimiento científico. A lo más que llega su audacia es a usurpar términos de las ciencias verdaderas para disfrazar sus creencias irracionales, a ratos pseudomísticas y a ratos cuasirreligiosas, basadas ante todo en la fe ciega y en una ininterrumpida suspensión de la incredulidad.Manolo_elmashttp://www.blogger.com/profile/07285531799392419250noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-27740239.post-1162845497394481752006-11-06T21:32:00.000+01:002006-11-09T23:51:29.176+01:00El chupito de KorsakovSi algo destaca en la fabricación y administración de los productos homeopáticos, por lo de preciso y aparentemente científico, es su precisión: la elaboración del producto, de las dosis y su posología están sujetas a estrictos protocolos y controles por parte del fabricante y del especialista. Las distintas diluciones se obtienen y aplican por alguna razón, dependiendo en primer lugar de la gravedad de la enfermedad a tratar, su estadio, la sensibilidad del paciente, etc.<br /><br />En los laboratorios homeopáticos de la actualidad, modernas máquinas realizan estas tareas de forma milimétrica, absolutamente automatizada y que deja muy poco margen al error, en muy distinta forma a como se elaboraban los preparados a finales del XVIII y principios del XIX. Las diluciones hahnemianas se solían hacer a mano, con goteros, y las sucusiones también era tarea manual, normalmente golpeando enérgicamente el tubo o frasco de preparación contra una superficie acolchada pero firme, como podía ser la cubierta de un libro forrado en cuero o algo similar.<br /><br />Pero las diluciones korsakovianas son otro cantar. <a href="http://www.infonegocio.com/lgp/homeopatia53.htm">Korsakov</a>, que estudió y practicó la homeopatía en sus comienzos, aunque luego renegara en gran medida de ella, fue el inventor de este tipo de diluciones, sin duda menos precisas que las hahnemianas, pero que aun hoy en día se utilizan. ¿Y cómo se obtienen estas diluciones? Pues utilizando la asombrosa técnica del “ahí debe quedar”.<br /><br />Tomemos un frasco. Incorporemos en él 99 cl. de alcohol de 70º y 1 cl. de tintura madre, de producto triturado o de lo que sea. Sucusionemos vigorosamente el preparado un determinado número de veces, y luego vaciemos el frasco en otro de más capacidad. Pues bien, según el método de Korsakov, en el frasco original “debe quedar” algo a sí como 1 cl. de dilución, más o menos, tampoco hay que ponerse demasiado estrictos. Si añadimos entonces otros 99 cl de agua destilada obtendremos un preparado a la primera dilución korsakoviana. Sucesivamente, y repitiendo el procedimiento, claramente a ojo, iremos obteniendo las sucesivas diluciones.<br /><br />Por supuesto que aquí la precisión de la que hablábamos brilla por su ausencia, pero ello no es óbice para que muchos homeópatas prefieran este método de dilución antes que el tradicional hahnemiano. Imaginemos que a un niño se le receta un jarabe, y en lugar de que el médico nos precise la dosis, en forma de una cucharadita (que además suele venir en el mismo preparado) o un taponcito, el médico nos dice: “Que el niño se arree un trago a la mañana y otro al acostarse”. ¿”Un trago”? Pero oiga, ¿qué manera es esta de prescribir? O si se trata de píldoras puede indicarnos “que el niño se tome unas cuantas”.<br /><br />¿Y si yo soy de la escuela korsakoviana, pero decididamente torpe, y cuando vacío el frasco me queda el doble de soluto del que sería necesario, o me paso de escurrir y no me queda ni una gotita? ¿Cuánto me debe quedar en el frasco, exactamente? ¿Lo que quede adherido a las paredes de cristal, una gota, dos quizá, un chupito?<br /><br />Sinceramente, yo la técnica korsakoviana la utilizo cuando me preparo cubalibres, vacío el vaso y me echo otra dosis de Barceló, y sí, a ojo, pero si me dedicara a preparar algo similar a medicamentos, utilizando sustancias casi siempre exóticas, tendría un pelín más de cuidado. Aunque luego no quede de ello ni la repajolera, pero hay que obrar siempre con meticulosidad y precisión científica.